Reestructurar para bien

Las reglas están claras y arrancó el proceso. La reestructuración del Gobierno nacional ya inició con una primera fase de diagnóstico que desembocará, a mediano plazo, en decisiones ejecutivas de fusión, rediseño, supresión, entre otras posibilidades. La promesa es que no habrá despidos masivos ni se verán en medios internacionales las dolorosas imágenes de represión contra trabajadores, cesados y suspendidos, como en otros países que inician transformaciones similares. Queremos creer que será así y es lo que aspiramos. Sin embargo, emprender esta acción, sin duda, es una necesidad urgente.
Señalar las razones del porqué llegamos a una situación que obliga a repensar la estructura gubernamental o caer en la árida discusión de si es o no una imposición foránea no tiene sentido. Lo que es ineludible es llevar a cabo esa reingeniería dada la realidad que se registra.
En primer lugar, existe una proliferación institucional. Es decir, una multiplicación de entes que surgieron por coyunturas específicas, pero que ante la situación que vivimos hoy es obvio que deben revisarse. Por tal razón, el diagnóstico debe centrarse, repito, no en las causas sino en la propia situación actual.
Por ejemplo, la evidente proliferación de organismos. Esto ocasiona, además de la nefasta duplicación de funciones, una peligrosa atomización de la estructura gubernamental. Muchos entes haciendo lo mismo debilitan la gestión pública y hace al Estado venezolano más vulnerable ante las amenazas foráneas.
La fragmentación de la gestión pública también origina otro efecto desafortunado. Al mismo tiempo que debilita el sistema, provoca una peligrosa precarización en dos niveles o ámbitos: la precarización de los servicios que prestan dichas instituciones a sus públicos o usuarios y, en consecuencia, la precarización de los trabajadores que deben buscar varios empleos, porque su campo laboral o de desempeño profesional se ha atomizado.
Por tal razón, es urgente que se emprenda esa reestructuración del gobierno y sus instituciones, respetando en todo momento a los trabajadores y demás involucrados. Solo así, se vencerá la atomización que nos debilita, la fragmentación de la gestión pública y, sobre todo, la precarización de los servicios prestados y de quienes laboran día a día con convicción y entrega por defender el país desde cada lugar de la administración pública.
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