3 marzo, 2024

la primera decepción de Netflix del año. La miniserie de los creadores de ‘Narcos’ acaba siendo un show al servicio de una entregada Sofía Vergara

la primera decepción de Netflix del año. La miniserie de los creadores de 'Narcos' acaba siendo un show al servicio de una entregada Sofía Vergara


El nombre de Sofía Vergara ha quedado asociado de forma indiscutible a la serie ‘Modern Family’ para millones de espectadores. Sin embargo, es normal que la actriz colombiana no quiera que todo su carrera se reduzca al papel de Gloria Delgado-Pritchett y haber querido protagonizar una miniserie como ‘Griselda’ es una buena prueba de ello.

Basada libremente en la historia real de Griselda Blanco, una narcotraficante temida incluso por el mismísimo Pablo Escobar, la nueva miniserie de Netflix llegaba con el gancho adicional de que detrás tenía a los creadores de ‘Narcos’, uno de los mayores éxitos de la plataforma en su momento. Por desgracia, el resultado ha sido una decepción en el que una entregada Vergara no es suficiente para compensar todos sus problemas.

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Intensa y demasiado directa

Griselda Netflix

‘Griselda’ consta de apenas 6 episodios, lo cual seguro que se ve como una buena noticia por parte de aquellos espectadores que están cansados de que las series duren demasiado. Lo curioso es que durar tan poco es algo que se vuelve en su contra, ya que da la sensación de que sus responsables quieren ir tan directos al grano que se olvidan de la necesidad de tener esas escenas que sirvan para dar una unidad real al producto.

Eso es algo que se contagia a la serie a todos los niveles. Lo más habitual es que lleve a que haya mucha superficialidad en los personajes secundarios, tanto aquellos que supone han de infundir algún temor como otros que simplemente hacen falta por necesidades de la historia. En algunos casos es tan evidente -pienso por ejemplo en la breve aparición de Ernesto Alterio– que solamente están ahí para intentar ofrecer algo de luz en el retrato de su protagonista, planteando así ‘Griselda’ como una progresivo descenso a los infiernos del personaje interpretado por Vergara.

Y es que los primeros episodios de la serie optan por incidir más en una cuestionable posición de víctima de Griselda. Primero por la conflictiva relación con su marido y luego por las múltiples zancadillas que le ponen en su intento de ascender dentro del mundo del narcotráfico. Esto lleva a que tenga una curiosa lectura feminista que deja un poco de lado la forma en la que construyó su imperio -ahí parece que todo se reduzca a ideas fulgurantes- para centrarse más en la importancia que sus hijos tienen para ella.

Sofia Vergara En Griselda

Por ello, los responsables de ‘Narcos’ lo apuestan todo a la carta de la intensidad, ya sea una traición, una muerte o un movimiento que no sale como se esperaba. Todo al servicio del lucimiento de una entregada Vergara que llena la pantalla con su presencia, pero que, al igual que la serie, quizá peca un poco de querer ir al momentazo dramático en lugar de dar suficiente profundidad a su personaje.

Con todo, es una de las principales virtudes de la serie y logra quitarse de encima desde el primer momento el aura de su personaje en ‘Modern Family’ -claro que esa nariz prostética ayuda, pero al final acaba siendo más una anécdota que otra cosa-, pero el enfoque de esta Griselda es demasiado limitado. Al final su maldad se reduce a una forma mal entendida de querer proteger a sus hijos en lugar de meterse de lleno en su lado más oscuro. Ahí había una miniserie mucho más fascinante sin la necesidad de querer jugar con esa especie de elemento redentor.

Luego está el tema de que llega un punto en el que la serie empieza a funcionar a base de tirones. Entiendo la eficacia dramática del recurso acción-reacción, pero se pierde todo lo que pueda haber haber entre medias en beneficio de ser demasiado directa. Eso incluso acaba desdibujando a la protagonista, mientras que el resto, hijos incluidos, quedan ya completamente reducidos a la condición de peones sacrificables.

Griselda Escena Netflix

Hasta la subtrama policial, a la que inicialmente parece que se le quiere dar cierta importancia, queda reducida a algo que está ahí más para alimentar la creciente paranoia de su protagonista -que esa es otra, llega un punto en el que de repente sospecha de todo el mundo, olvidándose de mostrar la etapa intermedia y optando por un cambio brusco-. Lo curioso es que si acaba cayendo es por esa manía persecutoria y errores propios, por lo que habría sido aconsejable incidir mucho más en todo lo que la motiva en lugar de optar por un enfoque tan in your face.

Todo eso lleva a que ‘Griselda’ vaya de más a menos, y que lo que inicialmente parece una miniserie prometedora acaba convirtiéndose en una oportunidad perdida. No es que sea mala, pero la historia de su protagonista daba para algo mucho más estimulante que una propuesta de usar y tirar al servicio de su protagonista. Y encima se estrena casi a la vez que otra excelente miniserie que seguramente acabe siendo la mejor del año, por lo que las comparaciones son más odiosas que nunca…

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