29 julio, 2026
Entre ladrones - Últimas Noticias

Por Farith Fraija

A través de esta columna semanal, pretendo reflexionar, analizar y hacer propuestas sobre la gestión de lo público con un enfoque local. Pero en esta ocasión, comparto algunas reflexiones sobre la verdad y las redes sociales frente a los lamentables sucesos recientes ocurridos en Venezuela.

Es paradójico que, a pesar de tener, gracias al desarrollo de las tecnologías de la información, mayor acceso a la información y al conocimiento, la verdad esté agonizando. Estamos saturados de interpretaciones y versiones, donde aquello que se considera verdad es lo que se conecta con el sistema de creencias y de valores, no implicando que ello sea la verdad. Si usted cree en las teorías conspirativas, cuando algún razonamiento sobre determinado acontecimiento se soporte en ellas, a eso usted le dará valor de verdad. No es porque sea verdad, es porque usted lo cree así.

Kant argumentaba que no era posible conocer las cosas tal como son en sí mismas, sino como se manifiestan a través de la percepción y el entendimiento de las personas. La verdad depende del sujeto que la percibe. Luego, Foucault profundiza y la concibe como un constructo social, útil para mantener el poder y la autoridad. No podemos obviar que hay verdades objetivas y absolutas, pero las verdades interpretativas, en medio de la democratización del acceso a la información, están a la orden.

En medio de los sucesos del 24 de junio, ese menú de verdades relativas aún está a la orden. Con ello, otro terremoto que hace más letal al doblete sísmico: ¿Qué creer? La manipulación de los algoritmos de las redes sociales, el interés por conducir las percepciones sobre el desempeño posterior al evento sísmico, la realidad política de Venezuela y las complejidades propias de un país asediado por años hacen muy compleja la función de informar. Es lidiar con lo que se cree y la confrontación con lo que es.

Frente a ello, se hace imprescindible el uso de las mismas herramientas, con la misma lógica y estrategia. Todo ello, en una dinámica compleja donde lo que está en juego es la vida de seres humanos, y donde la única razón que puede y debe imponerse es la del Estado, sin lastimar la voluntad ciudadana. Es tratar de guiar un vehículo alumbrado con luz blanca en medio de la neblina, donde se tendrá que avanzar con mucho cuidado, sabiendo que no es la intensidad de la luz lo que reduce errores, sino la experiencia en la conducción, la intuición y el conocimiento del camino. A poco más de un mes del terremoto, las réplicas han ido bajando de intensidad producto de la misericordia de Dios y el comportamiento de la naturaleza. El otro, gracias a haber sabido conducir con destreza en medio de la neblina, a pesar de las réplicas.

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