4 de junio de 1826
El 4 de junio de 1826, Simón Bolívar en La Magdalena, Lima, escribe al presidente del Senado de Colombia para expresar su voluntad de rechazar la propuesta realizada por el congreso de encargarse de la presidencia del país. Bolívar formula una pregunta: “¿pero no me será lícito rechazar con reverente sumisión a la República un decreto popular que viola de hecho su propia voluntad, la Ley Fundamental? Se refiere al decreto de la creación de Colombia del 17 de diciembre de 1819 en Angostura, con el que une a Venezuela, Nueva Granada y Quito.
Arguye Bolívar que él no puede mandar más porque “mi gloria me lo prohíbe y la libertad de Colombia me lo ordena”. Luego le pide al senador “ser el órgano para transmitir al Congreso de la Nación mi respetuosa negativa, que no puede producir dolores públicos, porque el magistrado supremo que ha dirigido la dicha de la Patria en el último terrible periodo, la servirá con infinitas ventajas”. Argumenta Bolívar que “su administración ha colmado las esperanzas de la patria, y nadie será tan obcecado que no le tribute el homenaje de su aprobación”. Finalmente, cierra la comunicación poniéndose a la orden: “Colombia debe contarme siempre en las filas del Ejército Libertador, para defender sus leyes y sostener a los magistrados”.
El mismo día, escribe a Antonio José de Sucre: “Santander me dice que el Senado había admitido la acusación contra Páez. Calcule usted la inmensidad de males en que nos puede sepultar esta maldita acusación. Se añade, para colmo de desdicha, que Escalona es el que va a suceder a Páez. Sobre todo esto me escribe Briceño, que está muy bien impuesto de las cosas de Venezuela, una larga y tristísima carta, e instándome, por Dios y por la Patria, que vuele a Colombia, que si yo no voy, todo, todo se pierde. Sobre esto me hace mil reflexiones, siempre con el buen juicio y penetración que tanto le distinguen. También se vuelve a hablar de la expedición de La Habana, de la llegada de tropas y buques españoles y de acopio de víveres en Curazao y Jamaica para los godos”.
Simón Bolívar ve la acusación del Senado colombiano contra el general José Antonio Páez como una amenaza grave que pone en riesgo la unidad y la existencia misma de Colombia. Para evitar un conflicto armado que resultara en la ruina de la república, Bolívar intentará calmar los ánimos, abogando por suspender las acusaciones contra Páez para inspirar confianza y restablecer la estabilidad. Son tiempos difíciles. Dos años después, los diplomáticos estadounidenses William Tudor y William Henry Harrison revelarán una fuerte hostilidad hacia el proyecto bolivariano. En lugar de mediadores, actuarán como actores políticos que alentarán a las facciones separatistas para conspirar y debilitar la influencia de Bolívar.
