Un piadoso gesto – Últimas Noticias
Es una calurosa tarde del Jueves Santo y en Caracas los templos se encuentran densamente frecuentados por devotos y curiosos participando de las fiestas religiosas propias de ese tiempo litúrgico. Pasados siete minutos luego de sonar las cuatro horas del carrillón de la torre de la catedral, un estruendoso ruido proveniente del inframundo, acompañado de fuertes sacudidas de la tierra, derribaba paredes de tapias, así como techumbres de ermitas, capillas, casas, cuarteles; se oían redoblar irregular y frenéticamente las campanas que eran sacudidas de los diversos templos diseminados en los cuatro puntos cardinales de la ciudad, llantos, plegarias en desesperada voz y gritos de quienes se agolpaban frente a las salidas de iglesias y edificios. Es el fatídico terremoto del 24 de marzo de 1812.
Se calcula que este terremoto, el cual no solo afectó a Caracas, sino a diversas ciudades, osciló entre 7,7 y 8,0 potencia de magnitud de momento (MW) causando millares de víctimas fatales estimados en diez mil. A la destrucción inicial se sumó lo que provocó la fuerte réplica del 4 de abril de ese año.
En pleno desarrollo de estos hechos hacia el suroeste de la ciudad, en el camino que conducía a la aduana de La Vega, en el Hospicio de los Capuchinos de san Juan Bautista y su capilla que venía funcionando desde 1785, un sacerdote de híbrido pardo, como nos refiere Irma De Sola, sale al frente de la capilla con cruz en alto, mirada elevada al cielo con decidida voz pronunciando una oración. Fray José Francisco de Caracas, de la orden de los Capuchinos, los exhorta a dar gracias a Dios por haber protegido la capilla que no había sufrido daño alguno, ruega por la suerte de la ciudad flagelada, por la vida de sus habitantes e inmediatamente se incorpora a socorrer a las víctimas. Su compasivo gesto y resuelta actitud infundieron el ánimo necesario entre los pobladores de aquel suburbio para dar la mano al prójimo caído, que desde ese entonces la humilde figura del sacerdote queda engrandecida, tornándose en símbolo su nombre.
Hoy, después de dos siglos, el día de san Juan, la capital y la zona central sufrieron el embate de dos potentes terremotos. Al igual que el gesto de aquel fraile, el pueblo venezolano se redime al extenderle una mano piadosa a las víctimas.
