15 julio, 2026

Padre Numa: Dios no nos abandona, estaba sufriendo con el pueblo

Padre Numa: Dios no nos abandona, estaba sufriendo con el pueblo

Tras los dos devastadores terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, el padre Numa Molina, párroco de Ciudad Caribia, compartió una profunda reflexión teológica y espiritual para consolar a las víctimas y responder a la constante interrogante de dónde se encontraba Dios durante la catástrofe. Con absoluta convicción, el sacerdote jesuita aseveró: «Dios estaba allí con nosotros sufriendo, como sufría con el hijo cuando moría en la cruz. Ahí estaba él, muriendo con él y resucitando con él» .

Asimismo, el padre Numa explicó que, con los avances de la ciencia, la humanidad comprende que los movimientos telúricos responden a fenómenos naturales propios de una Tierra en constante evolución.

«Se sabe que ya a estas alturas del siglo XXI, el mundo, la humanidad, sabe muy bien, con los adelantos de la ciencia, que los terremotos son producto de fenómenos naturales. Sabemos cómo está estructurada la Tierra y es creación de Dios.», dijo. «Justamente por no estar tan conectados a la Tierra es que hemos creado tantos modos como de desconectarnos de ella. Y resulta que hacemos rascacielos y los hacemos quién sabe cómo. Este momento no es para culpar a nadie, porque el terremoto fue de tal magnitud que pudimos ver edificios que estaban muy sólidos y que se fueron abajo, porque estaban en sitios donde ciertamente la vibración sísmica fue mucho más fuerte. Jesús también vivió la experiencia tan humana, tan humana que solo Dios podría hacer tan humano como él para preguntarse en la cruz, ´Señor, ¿por qué me has abandonado?´. Él mismo Jesús hizo esa pregunta. Nosotros también la hacemos, ¿no? «¿Dónde estás tú?», reflexionó el párroco.

Frente al dolor de quienes perdieron a seres queridos, el padre Molina recurrió a la carta del apóstol Pablo a los Romanos para recordar la promesa de la resurrección. «Nosotros también resucitamos», expresó el párroco, insistiendo en la esperanza activa:»Ellos están vivos; nosotros celebramos la vida, a pesar de la muerte, porque la muerte no es más que un paso hacia la vida eterna».

El jesuita aclaró enfáticamente que esta premisa «no es una consolación de tontos» , sino «una verdad de fe que la creemos como cristianos». Asimismo, reflexionó sobre cómo los momentos de crisis ponen a prueba la verdadera naturaleza de las creencias personales:

«Es sumamente sencillo manifestar que se tiene fe cuando las circunstancias son favorables y se marcha viento en popa, pero la auténtica fe se requiere y se demuestra precisamente en las horas de incertidumbre, cuando llega el miedo y las dificultades acechan», dijo.

El servicio de la «gente sencilla» y el milagro de la supervivencia.

Molina argumentó que todas las cosas suceden por la voluntad de Dios, quien otorga gracias especiales para servir al prójimo en tiempos de necesidad. Citando el Evangelio de San Mateo, rememoró la oración de Jesús: «yo te alabo Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla» .

Para el sacerdote, esta revelación se manifiesta hoy en la entrega desinteresada de la comunidad y los rescatistas:

«Dios ha mostrado a la gente sencilla el camino para auxiliar a sus hermanos afectados por los sismos. Los rescatistas se han jugado la vida, por buscar vida a tantos que quedaron tapiados», dijo

El párroco recordó conmovido el caso de un niño de 11 años, habitante de Ciudad Caribia, quien sobrevivió tras quedar bajo los escombros junto a su familia.

¿Hombres de poca fe? La fe es el bastón para cruzar la tormenta.

El párroco no ocultó que el pánico afectó a la comunidad. Recordó cómo los habitantes de los 137 edificios de Ciudad Caribia, invadidos por el temor el día del temblor, salieron a las calles a levantar tiendas de campaña para esperar que pasara el peligro.

No obstante, Molina exhortó a no dejarse vencer y comparó la situación con el pasaje bíblico en el que los discípulos, asustados por una tempestad en el mar, cuestionaron a Jesús en la embarcación. En aquel momento, Jesús les reclamó llamándolos «hombres de poca fe»:

«La gente pudiera pensar que Dios está ausente en esos momentos… Pero ante el miedo, el bastón para cruzar esos túneles oscuros, se llama fe. Con ese bastón lograremos cruzar, con miedo, sí, pero vamos a cruzar».

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