Con sello venezolano: Piel sana con el cangrejo azul
Una de las cosas más hermosas de Venezuela es su capacidad de sorprendernos y estoy segura que después de leer esta historia que les traigo estarán mucho más orgullosos del país y su gente.
Los descubrimientos más transformadores no siempre provienen de costosos insumos importados. A veces, la respuesta está en saber mirar lo que otros descartan. En las riberas del Lago de Maracaibo, toneladas de exoesqueletos (esqueleto externo continuo que recubre, protege y sostiene el cuerpo de ciertos animales, hongos y protistas) de cangrejo azul —históricamente tratados como un residuo contaminante de la actividad pesquera— se están transformando hoy en apósitos médicos de alta complejidad, gracias al ingenio y la articulación técnica venezolana.
Esto como resultado de una alianza estratégica entre el Centro Nacional de Investigación de Pesca y Acuicultura (Cenipa), que facilitó el donativo de la especie, y la Fundación Instituto Zuliano de Investigaciones Tecnológicas (Inzit). El objetivo: consolidar un proyecto de salud soberana con impacto clínico directo.
El milagro químico del quitosano se da bajo el liderazgo de los doctores Adrián Chávez y Sabrina Acevedo, donde el equipo de investigación del Inzit somete los caparazones del crustáceo a rigurosos protocolos de bioseguridad e higiene para extraer quitosano.
Hagamos un inciso y expliquemos brevemente que es un quitosano. Es un biopolímero natural que destaca por sus propiedades biocompatibles (el cuerpo no lo rechaza), antimicrobianas y regenerativas. En el laboratorio, este compuesto se procesa hasta convertirse en finas láminas o películas biológicas diseñadas específicamente para el tratamiento de quemaduras de segundo y tercer grado. Al colocarse sobre la piel comprometida, el apósito actúa como una barrera inteligente: protege contra infecciones del entorno, retiene la humedad crítica para la viabilidad celular y acelera la reconstrucción natural de los tejidos.
Relevo científico generacional
Una de las cosas que hace verdaderamente valioso este proyecto es su inmediata transferencia social y la solución que esto conlleva. El laboratorio no se quedó en la teoría; recientemente, el Inzit entregó el primer lote de estos apósitos biológicos al Hospital Coromoto de Maracaibo, el centro de referencia por excelencia para la atención de pacientes quemados en el occidente del país a los doctores Luis Rios y Gabriela Fernandez, quienes son los encargados de aplicar el protocolo a los pacientes que lo requieran.
Además de su impacto en la salud pública, la iniciativa se ha transformado en un aula abierta para asegurar la generación de relevo, ya que estudiantes de la Escuela Técnica Cacique Mara (Municipio La Cañada de Urdaneta) participaron activamente en las fases de limpieza y extracción del material, guiados por el ingeniero Willy Gómez, formando marabinos en bioseguridad y manejo de muestras y así formando a la próxima generación científica con valores desde lo científico hasta lo social.
Salud soberana para todos
Con el donativo del Cenipa, el Inzit garantiza la continuidad de la síntesis de quitosano, demostrando que —con ingenio y trabajo articulado— la solución a grandes crisis sanitarias puede estar oculta en los recursos de nuestra propia tierra.


Mayuli Urdaneta, presidenta del Inzit, recalca que este logro es un paso firme hacia la creación de soluciones médicas soberanas. En un entorno global complejo, sustituir importaciones médicas mediante el aprovechamiento de recursos locales demuestra que la soberanía nacional también se defiende desde los espacios de investigación, así como la inventiva nuestra para encontrar soluciones al alcance de todos
El cangrejo azul ya no es solo un emblema de la dinámica pesquera y comercial marabina; ahora es también el testimonio de una ciencia con sensibilidad humana que, con tecnología 100% nuestra, es capaz de sanar la piel de su gente con sello venezolano.
