Las 48 horas de María Corina
María Corina reaccionó tarde a lo sucedido en el Washington Hilton. ¿Lo hizo por descuido? ¿Lo haría por rencor? ¿Fue víctima de su subconsciente o de un “lapsus brutus”? Cualesquiera que sean las respuestas a estas interrogantes, lo cierto es que la vieja aspirante a ocupar Miraflores raspó en la práctica y cuando más le hacía falta destacar, las siguientes materias: diplomacia I, introducción a los asuntos de Estado y sentido de la urgencia.
La mantuana que se reúne con toda clase de políticos conservadores, príncipes sin tronos y que busca con desesperación la protección del ala derecha del Partido Demócrata, demostró no estar pendiente de lo que sucede en el mundo y, contradictoriamente, de aquel que más le gusta y al que le debe toda clase de favores.
Mis fuentes señalan que, casualmente, en el momento en que casi todo el planeta se enteraba del tercer intento de atentado en contra del rey del Norte, ella estaba muy concentrada, revisando las encuestas de opinión pública que arrojan resultados muy poco alentadores para el Partido Republicano en las elecciones de medio término que se llevarán a cabo en noviembre de este año.
Que cambie la relación de fuerzas en el Congreso estadounidense la tiene preocupada, muy preocupada, por aquello de que, como predicaba Jesús, no se puede tener dos amos. Claro, el Nazareno hablaba del César de su tiempo (Tiberio) y de Dios. Ella tendría que hacer maromas entre figuras más terrenales y básicas: por un lado, el personaje al que hace apenas unos meses rindió homenaje al entregarle la medalla un premio desprestigiado, y por el otro, la dirigencia del grupo político del burro, a la que le está haciendo ojitos.
El juego es peligroso porque el hombre naranja con copete no acepta medias tintas. Y como se espera que piense cualquier autócrata, él tiene como norma llevar al extremo cualquier situación. O estás con él o estás en su contra. Y si lo cree así, ten por seguro que en algún momento te lo va a cobrar, como un Juanito Alimaña anglohablante o, más bien, como un Tony Soprano cualquiera. Esto lo sabe muy bien María Corina. Por eso decidió culpar a su equipo responsable de redes sociales y medios, para que el catire iracundo enfocara en ellos su previsible furia.
