2 mayo, 2026
La Virgen Guajira que apareció en El Saladillo

Chiquinquirá es una población del departamento de Boyacá en Colombia que terminó prestando su nombre a una advocación mariana. La palabra tiene su origen en la lengua indígena muisca o chibcha y se cree que se usaba para señalar el lugar en el que vivía un sacerdote (chamán) de la época.

Fue ahí, en 1586, cuando ocurre el primer milagro. Una imagen de la Virgen del Rosario que había sido pintada sobre un lienzo de algodón y que se había deteriorado con el paso del tiempo recobra todo su esplendor cuando María Ramos, una devota mujer de Chiquinquirá, limpió la vieja capilla del lugar y colocó en sitio privilegiado la milagrosa tela.

Para mayor sorpresa, no solo apareció la Virgen María en su advocación de la Virgen del Rosario en el centro del lienzo, sino que se restauraron también las imágenes de san Antonio de Padua, ubicado a la derecha de la Virgen, y San Andrés, colocado a la izquierda.

La pintura había sido creada, se cree que en 1562, por el pintor de origen español Alonso de Narváez que vivía en Tunja, capital de Boyacá. Fue un encargo del fray dominico Andrés Jadraque para los oficios religiosos de la zona. La advocación del Rosario es promulgada por la orden de los dominicos, lo que no se sabe con exactitud es por qué al lado de la Virgen se pintaron además los santos Antonio de Padua y Andrés. No obstante, tras el milagro de la restauración, es a esa composición a la que se nombra como Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá.

El milagro volvió a repetirse 123 años después, en 1709, pero esta vez no fue un lienzo de algodón, sino un retablo, es decir, una pintura religiosa hecha sobre una tabla. No fue en Chiquinquirá, sino en el barrio El Saladillo de Maracaibo, Venezuela, a unas cuadras del templo de San Juan de Dios.

Cuenta el hermano Nectario María, sin otra fuente que la tradición, que una maracucha que se dedicaba a lavar ropa ajena en las orillas del lago de Maracaibo estaba en plena faena cuando de repente llegó hasta ella, flotando sobre las olas de la laguna, una tabla.

La humilde lavandera, que según otras versiones igualmente basadas en la tradición se llamaba María de Cárdenas, la llevó a su casa para supuestamente tapar una tinaja de agua.

La casa estaba en el corazón del barrio El Saladillo al que se llegaba subiendo desde la orilla del lago, por puerto El Piojo (ahora Mercado de Las Pulgas). Era la zona más pobre de la ciudad.

En aquella casa de bahareque y conchas de coco con techo de enea la madre de Dios volvió a aparecer y lo hizo nuevamente con sus dos acompañantes, san Andrés y san Antonio, pero en esta ocasión, a diferencia de la advocación del Rosario y de la misma advocación de Chiquinquirá el rostro de la Virgen no era el de una mujer blanca, europea, la Virgen se restauró con el rostro de una mujer guajira, un Virgen Morena.

Como es costumbre muy cuestionable en Maracaibo llamar chinos y chinas a los hombres y mujeres de la etnia wayuu o guajira, la devoción la rebautizó como La Chinita, que vendría a ser La Guajirita de Maracaibo.

De acuerdo con el hermano Nectario María la devoción por La Guajirita creció tanto que un buen día las autoridades de la ciudad decidieron llevar el retablo a la catedral, sede de la autoridad obispal. Para ello debían recorrer las intrincadas calles de arena de El Saladillo.

Unos caballeros (así los llama el hermano) habían sacado el retablo de la casa del milagro y avanzaban con dificultad en medio de una multitud maracucha enardecida. Entonces el retablo se puso muy pesado, los caballeros no podían cargarlo y el pueblo entendió que la Virgen no quería ir a la catedral, quería quedarse ahí mismo en el barrio, en el templo de San Juan de Dios, donde ahora está la Basílica Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, La Guajira del lago de Maracaibo.

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