La ExxonMobil y la controversia sobre el Esequibo
El leonino contrato denominado Acuerdo de Producción Compartida (PSA) acordado entre la ExxonMobil y el Gobierno de Guyana en 2016, se mantiene como blanco primordial de las críticas vertidas por estudiosos guyaneses y varios medios del vecino país, unido al intencional ocultamiento de las reservas petroleras y de los daños ambientales causados por las empresas petroleras y mineras.
En su obsesionado y obcecado deseo de enriquecerse con lo poco que le otorga la ExxonMobil, el equipo gobernante de Guyana, presidido por Irfaan Alí, se niega de manera rotunda, notoria, pública y comunicacional a modificar el Acuerdo de Producción Compartida. Arguye evitar obstáculos que impidan a la petrolera estadounidense extraer los inmensos beneficios que le proporciona explotar el crudo venezolano presente en el subsuelo marino del Esequibo venezolano.
La lógica de Alí es burda y elemental. Así lo manifiesta una editorial el pasado 11 de mayo, el periódico guyanés Kaietur News, titulado: Lo que Caracas tiene en mente. Afirma: “Una de las principales consecuencias de un contrato petrolero barato con Guyana que enriquece a ExxonMobil es el apoyo de Estados Unidos a Guyana, al menos por el momento. Esto tiene sus ventajas, siempre y cuando sean tangibles y sirvan como un elemento disuasorio suficientemente fuerte para las ambiciones venezolanas y su creciente agresividad”.
Según este acuerdo, Guyana renuncia a los impuestos, absorbe los costos y solo recibe una fracción de las ganancias —12,5 % más una regalía de 2 %—, mientras que Exxon y sus socios recuperan hasta 75 % de sus inversiones antes de que el Estado reciba una parte.
En concreto, el acuerdo que rige el mayormente venezolano Bloque Stabroek exime a las compañías petroleras del pago de todos los impuestos, estipulando que Guyana debe cubrir estos costos. Esto permite a las compañías recuperar hasta 75% de sus inversiones antes de que se reparta 25% restante. De este porcentaje, Guyana recibe 12,5%, además de una regalía del 2% pagada por las compañías petroleras.
Ante las presiones internas que exigen modificar el acuerdo, el presidente Irfaan Ali ha reafirmado repetidamente la inviolabilidad del contrato del Bloque Stabroek con la ExxonMobil, un acuerdo que los críticos, incluidos los gobiernos actual y anterior, han reconocido desde hace tiempo como sesgado a favor del consorcio multinacional.
Incluso, cuando se le preguntó al presidente si sus planes para mejorar la vida de los guyaneses incluían la renegociación del contrato petrolero que Guyana tiene con ExxonMobil, sostuvo que no se harían cambios en el contrato bajo su administración y dijo que tal medida podría resultar en un “obstáculo legal de una magnitud inimaginable”. El jefe de Estado hizo ese comentario durante una entrevista con el Houston Chronicle durante su viaje a Houston, Texas, para la Conferencia de Tecnología Offshore (OTC).
“Se trata de un acuerdo desequilibrado en todos los sentidos, pero el gobierno se niega a revisarlo, alegando que la previsibilidad de los inversores es su principal preocupación”, dice el editorial del medio Kaiteur News, el pasado 14 de mayo.
Para mayor precisión, el presidente del consorcio creado por la ExxonMobil para explotar los bloques, Emgl, Alistair Routledge, ha dejado claro que Exxon no está dispuesta a renegociar el contrato petrolero. Se le preguntó sobre la posibilidad de utilizar la cláusula del contrato que permite a Guyana y a la empresa acordar mutuamente la renegociación.
Routledge declaró: “No tenemos ningún interés en invocar ese artículo. Como ya he dicho, hemos comprometido 55.000 millones de dólares estadounidenses con el país. Dar marcha atrás y socavar la base de esa inversión pondría en grave peligro cualquier inversión futura”.
Pero la sumisa actitud y miope aptitud de Alí y su equipo gobernante ya comienza a tener consecuencias políticas que comprometen la soberanía del vecino país. Otra editorial del mismo medio titulada: Gobernanza del petróleo, gobernadores del petróleo, fechado 10 de mayo, dice:
“La voz de Guyana es insignificante. Se ha vuelto cada vez más evidente, por la forma en que se desarrollan los acontecimientos, que Guyana ya no está al mando de sus propias decisiones, de su propio destino. El personal médico cubano estaba entre nuestros mejores amigos, hasta que fueron devueltos a La Habana. Fueron devueltos, a pesar de las palabras vacías ofrecidas por el gobierno. Más recientemente, China, un acreedor importante y un gran inversor en proyectos en toda Guyana, está siendo vista como una amenaza inaceptable”.
Es decir, la cada vez menor importancia del Gobierno de Guyana en decisiones atinentes a sus asuntos energéticos y geopolíticos revela que las estrategias y decisiones de esa nación en torno a la controversia sobre nuestra Guayana Esequiba están influidas y hasta tomadas por la ExxonMobil.
