18 abril, 2026
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La Habana. 28 de abril de 1921.El ajedrecista cubano José Raúl Capablanca de 32 años se hacía con el campeonato del mundo. El doctor Emanuel Lasker, matemático alemán de 53 años y campeón desde 1894, abandona el escenario ante el aspirante sin disputar el resto de las partidas, pues debían jugarse 24. Capablanca había ganado 4 y empatado 10. El marcador final fue 9-5 en favor del cubano.

De las 14 partidas disputadas Lasker había empatado 10 sin lograr ninguna victoria. El hecho resultó para Capablanca, apodado por la prensa “Chess Machine”, la consecución de una carrera iniciada desde los 4 años de edad.

Desde muy joven Capablanca se tornó en un fenómeno del juego. A los trece años venció a Juan Corzo, el mejor jugador de Cuba para entonces. Entre 1908 y 1909 jugó simultáneas por todo Estados Unidos y apabulló al campeón estadounidense Frank Marshall con 8 victorias. En 1911 consiguió ser aceptado en el torneo de San Sebastián. Allí desafió y derrotó al reconocido maestro Ossip Bernstein en encomiable partida que le valió el premio de 500 francos a la brillantez; también doblegaría al conocido Aron Nimzowitsch, al final ganaría el torneo.

En 1914 quedó por detrás de Lasker en San Petersburgo por medio punto de ventaja sobre el alemán. En los años venideros dominaría a los mejores del planeta como Réti, Tatakower y Janowski, entre otros.

Su juego se hizo afamado por los grandes del ajedrez mundial. No tenía estudios teóricos densos —de hecho, no analizó aperturas hasta 1917 — pero jugaba con una naturalidad e intuición extraordinarias. Sus partidas podían ser muy tácticas y gracias al talento nato que tenía ejecutaba “pequeñas combinaciones” una vez maduraba las posiciones de las piezas en los escaques. Escribiría dos obras clásicas como Fundamentos del ajedrez y Lecciones Elementales.

Sus victorias le hicieron ganar fama de imbatible y sus jugadas ser análisis de futuros ajedrecistas. A lo largo de tan dilatada carrera perdió 35 veces, ganó 302 e hizo 246 empates, conservó el título mundial hasta 1927 cuando fue derrotado en Buenos Aires por el ruso Alekhine, quien no quiso darle revancha y diría tras su muerte en 1942: “Nunca antes hubo ni volverá a existir un genio igual”.

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