Crítica ‘El baño del diablo’ (2024)
Las austriacas Veronika Franz and Severin Fiala dirigen El baño del diablo, una película de terror dramático con elementos del folklore popular.
La película está inspirada en un ensayo de Kathy Stuart, que explora la relación entre suicidio y pecado en la Alemania del siglo XVIII.
La película, que ha sido elegida por Austria para los Oscars del próximo año, llega a las carteleras españolas este 15 de noviembre.
- Dirección: Veronika Franz, Severin Fiala
- Reparto: Anja Plaschg, David Scheid, Maria Hofstätter, Tim Valerian Alberti, Elias Schützenhofer
- Música: Anja Plaschg
Ambientada en el siglo XVIII en los remotos pueblos de Austria, El baño del diablo cuenta la historia de Agnes, una mujer que tras casarse con su amado comienza a sufrir de profundos trastornos psicológicos que la llevan a un descenso hacia la desesperación. Los rígidos dogmas religiosos y las duras condiciones de vida la empujan a tomar decisiones fatales, en una trama cargada de horror psicológico y drama histórico. La película trata temas como la opresión de las mujeres en esa época y los efectos destructivos de la religión sobre la salud mental.
Crítica de El baño del diablo
Qué alegría nos da como cinéfilos encontrar este tipo de producciones tan alejadas de los títulos que suelen plagar los circuitos comerciales.
El terror orquestado a cuatro manos por Franz y Fiala se sustenta en un gran diseño de producción, unas actuaciones solventes y una atmósfera opresiva que no nos deja escapatoria.
Veronika Franz and Severin Fiala
Este dúo de cineastas empezó de la manera más inusual. Veronika, periodista de formación, entabló amistad con Severin mientras este último hacía de canguro de los dos hijos que la periodista tiene con el director de cine Ulrich Seidl. Años después, estamos hablando de El baño del diablo, la quinta colaboración entre ambos, tras su debut en la dirección con el documental Kern de 2012.
Sin embargo, la fama les llegó con su primer largometraje de ficción Goodnight Mommy dos años después.
La película, un drama de terror rodado en alemán, fue seleccionada para la carrera de los Oscars del año siguiente y les puso en el mapa cinéfilo de los fans del género en Europa.
La historia se repite y Austria ha anunciado que El baño del diablo entrará en la carrera por hacerse un hueco en la próxima edición de la Academia de Cine Estadounidense.
El diseño de producción
El esfuerzo que ha hecho el equipo de producción y diseño para transportarnos a la Alemania del siglo XVIII es más que evidente.
Las localizaciones, la suciedad del entorno, la cuidada ambientación de las casas y el vestuario, están diseñados con meticulosidad para favorecer la inmersión del espectador en la historia.
La predominante oscuridad exterior es un poderoso eco de la oscuridad que habita en el interior de los habitantes de esta pequeña aldea.
El uso del folklore
El folk horror es un subgénero del terror que nos ha dado grandes títulos. Desde el éxito de El proyecto de la bruja de Blair (Eduardo Sánchez, Daniel Myrick. 1999) hasta Midsommar (Ari Aster. 2019), pasando por La Bruja (2015) de Eggers, entre muchas otras.
Todas ellas exploran las creencias populares y religiosas para apelar a nuestros miedos más primitivos.
El baño del diablo usa a la perfección estos elementos para transportarnos a una época donde la vida estaba regida por esas normas morales que, a menudo, se apoyaban en elementos sobrenaturales.
La impactante crudeza de la propuesta que nos pone sobre la mesa esta coproducción entre Alemania y Austria, queda patente desde la primera escena.
Nos encontramos en un entorno rural donde la brutalidad se convierte en algo cotidiano.
Anja Plaschg y las mujeres
Esta es la tercera incursión en el séptimo arte de la artista musical Anja Plaschg, que es conocida en Austria por sus cuatro álbumes de música experimental bajo el nombre artístico de Soap&Skin. Sin embargo, la intérprete, que además ha compuesto la banda sonora para la película, parece llevar toda la vida delante de una cámara.
Su actuación es magistral y nos recuerda en tono y matices a la que nos regaló Anya Taylor-Joy en La Bruja. Nuestra entrada al mundo que proponen Franz y Fiala, es a través de la experiencia de su personaje. Con ella, experimentamos y sufrimos las injusticias de una sociedad en la que no es aceptada.
Brujería o posesión eran términos acuñados para mujeres que se salían de los encorsetados moldes que su contexto histórico les imponía. Tantas y tantas historias sin contar de mujeres que se negaban a aceptar un rol predefinido y que llevaban su determinación hasta las últimas consecuencias.
En conclusión
El baño del diablo es una de esas joyas escondidas que tanto valoramos los amantes del cine. Sin grandes nombres internacionales detrás, la cinta se vale de un sólido diseño de producción, un guion inteligente y unas actuaciones sobresalientes para ganarse un hueco en las carteleras de medio mundo.
Veronika Franz and Severin Fiala nos estremecen con una denuncia histórica a caballo entre el drama psicológico y el terror popular. El baño del diablo consigue abrirse paso hasta tu subconsciente, adherirse a ti y seguir a tu lado mucho tiempo después de haber abandonado la sala de cine.
