27 mayo, 2026
Un sublime mural - Últimas Noticias

Hay un personaje misterioso en el mural Venezuela recibiendo los símbolos del escudo nacional, obra de Pedro Centeno Vallenilla ejecutada entre 1952 y 1954, de gran formato (10 x 6,5 metros) y una delicada técnica empleada para lograr la coloración. Está ubicado en el Salón de los Escudos del Palacio Federal Legislativo, sede de la Asamblea Nacional. En ese salón funcionó la Alta Corte Federal desde su instalación en 1877 hasta 1952, fecha que se traslada en el extremo oeste del Palacio de las Academias en la esquina La Bolsa para mudarse a su sede definitiva en 1987 en Dos Pilitas, de estilo brutalista.

Compuesto de un universo de protagonistas, la figura axial es una mujer que encarna Venezuela. Aunque de tez blanca tiene hermosos ojos almendrados aborigen y una cabellera que toca a sus hombros de un profundo negro azabache. Vestida de un azul pálido, emerge de una columnata para recibir las ofrendas que componen el escudo de armas. Lleva en sus manos con marcado ademán digno una larga capa a doble color: amarillo en la cara interna y rojo en la exterior. Su ropaje evoca los colores del pabellón nacional.

El protagonista enigmático que aparece al margen izquierdo a unos pasos de Guaicaipuro, detrás de una mujer cargando en su regazo a un niño rollizo es un anciano de blanca y larga cabellera y barba mirando al cielo con sus manos extendidas en actitud implorante que nos evoca a un profeta. ¿A quién encarna? Desde tiempos iniciales, el arte ha representado generalmente al profeta Isaías con esa efigie y actitud. El cristianismo estima que el Libro de Isaías anunció el nacimiento, sacrificio y gloria de Jesús y, además, el alcance universal de la salvación por lo que se le considera en algunas ocasiones como el Príncipe de los Profetas. ¿Tendrá alguna relación con la última de las declaraciones del Libertador antes de morir en San Pedro Alejandrino cuando dijo a su séquito: “Jesucristo, don Quijote y yo hemos sido los tres más insignes majaderos de este mundo”?

¿Qué quiso decirnos Centeno Vallenilla con ese personaje? ¿Acaso el anuncio de la gloria del Libertador y de su gesta? Jesucristo se hizo carne para salvar el espíritu de los hombres de las cadenas mundanas, el Quijote con sus hazañas, redimir de la fría razón al corazón humano y Bolívar con su sacrificio, la libertad de naciones suramericanas.

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