23 abril, 2026
Derrotamos el fascismo - Últimas Noticias

El título de esta columna se lo debo a una amiga muy querida que me dijo: “No hables en pasado, habla siempre en presente cuando afirmes”. Y es verdad. Todos los días me repito como un mantra que el lugar ideal, tal vez el único, para el verdadero cambio social, es el aula. Ya lo he dicho en otras ocasiones: solo en el salón de clases se reproduce la vida y lo que allí suceda se replicará en la existencia de todos y cada uno de nuestros estudiantes.Sobre esto, hace años conocí un destacado político y pedagogo venezolano que siempre repetía: “Los cambios y las transformaciones comienzan en el aula”. Sé que él nunca se refirió a alentar rebeliones o a algo exclusivamente político-partidista.

Lo que nos estaba diciendo era que fomentando el pensamiento crítico entre nuestros estudiantes, allí en su lar natural de aprendizaje, el aula, y brindándole herramientas para el análisis exhaustivo de su entorno, estos tomarían, tal vez no las mejores, pero sin duda decisiones basadas en la razón y no en la ignorancia. Y eso solo se aprende en un salón.
Claro, como he afirmado varias veces en esta columna, ello dependerá de la existencia y accionar de un docente o una profesora, en fin, de un profesional de la pedagogía, que debe tener muy en cuenta que lo que haga y provoque en ese limitado espacio físico, repercutirá en cada uno de sus alumnos, tanto para su futura profesión como para su vida entera.

Por tal razón, también repetimos con vehemencia que la calidad académica no depende de la naturaleza de los estudiantes, quienes hoy provienen de diversas crisis económicas y sociales, situaciones extremas como la pasada pandemia del covid-19 y entornos difíciles de vida. La calidad académica está relacionada directamente con la competencia probada o no de cada persona que asuma la gran responsabilidad de formar a otros.

Pero también mejorar la calidad de nuestras escuelas, liceos y universidades, que en fin es el desarrollo armonioso, integral y urgente de nuestra nación, no reside en puestos burocráticos, cargos políticos, posiciones de poder u oficinas bien iluminadas y con aire acondicionado. El sitio propicio e ideal para eso, reiteramos, es el aula, con nuestros estudiantes y sus precarias condiciones, y con nosotros y nuestras limitadas capacidades pedagógicas.

Por eso yo escojo ese lugar y no otro. Yo elijo el aula.

Ver fuente