Venezuela a fines del 800 (II)
Las guerras civiles ofrecían poco atractivo a los extranjeros para residir. En 1873 había 3.836 en todo el país. La mayoría vinculados a casas comerciales, la explotación minera y el cultivo de café. El Estado también promovía la inmigración con la creación de colonias, aunque muchas fracasaron con el tiempo. Entre las importaciones encontramos el trigo, la cerveza, que, como refiere Carl Sachs, llegaba por barriles de Estados Unidos, y los vinos de España y Francia, bebidas alcohólicas que no estaban al alcance del pueblo común. El aguardiente era de consumo masivo, siendo el de Carúpano el de más fama. El guarapo era muy preferido en los llanos como bebida refrescante. El tabaco era objeto de comercio interno. Se consumía puro, en cigarrillos, enrollado para mascar en forma de moo y en la de chimó.
Los viajeros solían recorrer el país prevenidos por cualquier imprevisto. Traían con ellos un chinchorro para colgarlo en cualquier lugar si quedaban en la intemperie. Los albergues en los llanos dependían a veces de la bondad de los dueños de hatos o familiares. Jenny de Tallenay decía: “Esta carencia de buenos albergues, incluso en las ciudades más importantes, se explica por el hecho de que son visitadas por un pequeño número de extranjeros. En cuanto a los nacionales, ellos se aposentan fácilmente en casa de parientes, amigos o corresponsales”. En Caracas, para 1873, existían 34 posaderos y tres edificios con el calificativo de hotel; uno de ellos, el Gran Hotel Americano, uno de los más grandes de Venezuela entonces; el hotel Saint Amand, preferido por los extranjeros, y el famoso León de Oro, en la esquina de Traposos, que se apreciaba como el más antiguo de la ciudad. Fuera de Caracas, las posadas eran más reducidas y de menor calidad.
La expectativa de vida era de 29 años. Los médicos eran escasos y costosos para el grueso de la población, la cual recurría a los empíricos o curanderos locales. Las enfermedades más comunes eran la tuberculosis, vómito negro, cólera, viruela, enfermedades estomacales, paludismo y, con la proliferación de la prostitución, sífilis. El doctor Villavicencio comentaba sobre el abuso que se hacía de las medicinas y la ingesta, sin prescripción médica, de productos patentados como curativos y anunciados en los periódicos.
