Una «sirena» es atacada por un pez en medio de un show en China
Las historias de sirenas siempre han fascinado, los misterios de los océanos y la posibilidad de ver de cerca criaturas que parecen sacadas de otro planeta. Y al cruzar esa línea entre un show, exhibición o recrear esa fantasía en medio de la realidad, ha llevado a algunos acuarios a “crear” esa magia.
Permitiéndonos observar de cerca la belleza de la vida submarina, a riesgo de un gran estrés al que estos animales marinos son sometidos, de solo sacarlos de sus hábitats a ser parte de estos acuarios en los que humanos se sumergen para crear esa atmósfera fantástica de cuentos de hadas. Pero hay una cara oculta en esta forma de entretenimiento que rara vez cuestionamos.
En un acuario del Parque Forestal Primitivo de Xishuangbanna, en China, una joven artista rusa de 22 años, conocida como Masha, vivió un episodio sacado de una película de terror. Interpretando a una “sirena” en un estanque, nadaba entre los peces.
Un pez gigante, sin previo aviso, se abalanzó sobre ella y la mordió en el rostro. Los espectadores, entre ellos muchos niños, no pudieron evitar el grito de horror. El video del ataque pronto se volvió viral.
Sin embargo, lo verdaderamente alarmante vino después. A pesar de sus heridas en la cabeza, el cuello y el ojo, Masha continuó con su “trabajo” en el acuario, para seguir ofreciendo entretenimiento a los asistentes.
En nuestra fascinación por lo extraordinario, olvidamos que los animales no son actores ni accesorios y sobre todo, que no quieren vivir en un acuario para ser admirados por su exótica belleza.
¡De terror!🧜♀️🦈 Captan el momento en el que un #esturión gigante ataca a una mujer que trabajaba como #sirena en el estanque de un #acuario de #Xishuangbanna, China.
📹: #RedesSociales pic.twitter.com/7Pt7ohr2Gc
— quiero tv (@quierotv_gdl) January 29, 2025
Quizás sea momento de replantearnos el tipo de experiencias que queremos promover. Existen maneras más éticas y seguras de acercarnos a la naturaleza sin poner en riesgo a nadie. Documentales, visitas responsables a reservas naturales y centros de rehabilitación pueden ofrecernos ese asombro sin convertir a los seres vivos en simple espectáculo. La magia de los océanos no necesita una puesta en escena forzada; su belleza habla por sí sola.
