23 abril, 2026
Un día en el CICPC

Una querida colega contactó a otro, y con angustia le dijo: “Clonaron el Whatsapp y el Gmail de nuestra compañera Lil Rodríguez”. “Vamos pa esa” y enseguida, en comunicación nos dijo: “Suban de inmediato a Caracas al CICPC a la División de Delitos Informáticos. Pásame una copia de tu Cédula”.

Subimos con prontitud. Sin pérdida, de Pelota a Punceres, en el CICPC fuimos atendidos por un personal que está comprometido (nos dimos cuenta) con el buen servicio público además de lo profesional.

No teníamos idea de cuántos delitos informáticos atienden diariamente en esas oficinas. Desde estafas con electrodomésticos, hasta sabotaje a servidores comerciales y muchos intentos de apropiación (grandes y pequeños) vía Internet. Esos funcionarios no sabemos de dónde sacaban la ternura para consolar y atender, y además orientar a la gran cantidad de personas que llegaban preocupadas por la pérdida de su dinero en diversas operaciones o en la gran estafa que se hace vía Whatsapp. “Hemos detectado a privados de libertad en estas actividades, a veces tercerizados”. Los que están en la calle actúan de otra forma.
Atendieron a personas de a pie y a abogados con capital, y nos atendieron a nosotros, periodistas angustiados más por lo que está como memoria en Gmail que por el mismo Whatsapp.

“Se apoderaron de todos sus datos por la vía de verificación en dos pasos. Habrá que darle algo de tiempo al tiempo. Paciencia, compañera, y mucha denuncia”.

Lo cierto es que tengo restricciones, pero logré recuperar mi Telegram. (Maduro es vista larga, pues).

Salimos satisfechos de constatar un muy buen servicio público, la solidaridad y la capacidad científica del CICPC.

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