14 mayo, 2026
Cantar a los 93 años

“Un bongo remonta el Arauca bordeando las barracas de la margen derecha”. En ese bongo va Santos Luzardo, un abogado que debe conectar con su “espíritu indómito” llanero para enfrentar el caos, para luchar contra la corrupción encarnada en Ño Pernalete, el autoritarismo de doña Bárbara y el imperialismo de Míster Danger. En el barrio 24 de julio de Petare vivía físicamente hasta el primero de mayo de 2026 un tocayo de ese personaje galleguiano: Santos Luzardo Himiob Aponte, un profesor universitario, conferencista, bibliotecólogo, reconocido con el Premio Nacional de Historia en el año 2023 por su labor en la investigación y preservación de la memoria histórica.

Santos Luzardo es investigador del Centro Nacional de Estudios Históricos, donde ejerció, hasta el año pasado, la coordinación de la biblioteca del Museo Bolivariano. En la casa que vence la sombra, trabajó por más de tres décadas como docente de la Escuela de Bibliotecología y Archivología. Es magíster en Bibliotecología y Ciencia de la Información. Su mayor fortaleza profesional es su experticia y asombrosa sabiduría en la preservación, catalogación y digitalización documental para salvaguardar la historia. Su último compromiso laboral lo realizó con el equipo multidisciplinario de Colombeia Fiscal en la Escuela Nacional de Administración y Hacienda Pública.

Pero su mayor fortaleza es su bonhomía, su calidad humana, su sencillez. Quienes tenemos la oportunidad de aprender a su lado, sabemos que Santos Himiob es un artesano del tiempo, un rescatador de susurros del pasado para convertirlos en pedagogías vibrantes. No le gusta ser un acumulador de fechas, sino un narrador que insufla vida a los muertos, de esos que hacen que los silencios de los archivos cobren voz.

Santos Luzardo Himiob siempre nos recuerda que el presente no es más que el futuro que ayer se soñó, y que cada rastro del pasado merece ser contado. Por eso es un amante de los libros. Cada vez que ve uno antiguo, raro, lo toma del estante con sumo cuidado porque sabe que cada libro es un cofre de lo invisible, un refugio, un espejo, un viaje silencioso que cobra vida solo cuando el lector le presta su alma. Por eso lo protege, por eso, si el libro está enfermo, lo cura. Para Santos Himiob cada libro es un pacto entre el tiempo del autor y la mente del lector, un objeto humilde que guarda más vidas que cualquier ser viviente. Pero nuestro Santos Luzardo es además un arquitecto de puentes, de esos que están entre el olvido y la memoria. Por eso, cuando emprende su labor desde su bongo, «dos bogas lo hacen avanzar mediante una lenta y penosa maniobra de galeotes».

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