Sobreabundancia de democracia – Últimas Noticias
Venezuela es un epicentro para el debate de lo actual, tanto por los aspectos económicos, como los geopolíticos, sobre todo, en lo relativo a lo filosófico-político. En este último aspecto, se puede generar un debate muy serio sobre la naturaleza de la democracia como sistema. Un debate que no pueril.
Por un lado, están los que, apoyando los modelos occidentales, como el norteamericano o el europeo, apuestan por una democracia pétrea y estática, que en nombre de la estabilidad sacrifica el debate y la deliberación, sobre las cada vez más complejas características de la sociedad posmoderna. Por otro lado, estamos nosotros con un modelo que tiene adjetivaciones que no son una simplicidad: participativa, protagónica, directa, democracia de la gente, democracia bolivariana. Cada uno de esos adjetivos merecen detenernos.
Cuando hablamos de democracia participativa, se asocia como la Constitución de 1999, la cual se centra en que el voto no es el único mecanismo para ejercer la participación. Las maneras de organización que se impulsan están influenciadas por el modelo robinsoniano de la toparquía, la ropofilia, es decir, el amor por lo local. Ese amor por lo local ha ido profundizando el mecanismo de lo protagónico, a través de acciones directas como los referendos o consultas, es decir, una democracia activa, constante, dinámica, todo lo contrario al modelo norteamericano o europeo.
Eso explica como desde 1999 hasta la actualidad hemos realizado 31 procesos electorales en situaciones de apremio, como las que vivimos en la pandemia (2020-2021). No son simples consultas, son procesos decisorios, de conducción política, de articulación, sobre todo, de la posibilidad que, desde ese fortalecimiento del Poder Popular, de las organizaciones en calles y comunidades, se pueda dar respuesta a los requerimientos en torno a las condiciones de vida en esas comunidades y calles.
Por eso, desde la Asamblea Nacional se han reformado las leyes del poder comunal, de la economía comunal, para ampliar esos espacios de participación. No se trata solo que hayan más elecciones, sino también la posibilidad de que esos procesos se traduzcan en una mayor democracia, en una calidad superior para la condición de ciudadanos. Eso nos coloca por encima de cualquier otra democracia y nos vuelve incómodos, pero lo disfrutamos.
