25 mayo, 2026
Sin entreguismo

Simón Bolívar tenía gran claridad geopolítica una vez derrotado el poderío napoleónico. El nuevo repartimiento del mundo, bajo el dominio del Congreso de Viena y de la Santa Alianza -hecho negativo para España-, replanteaba la restauración absolutista.

En este contexto el líder patriota arribaba a Jamaica y una vez tocada esta posesión inglesa se abocaba a mandar comunicaciones a personas influyentes para el destino de la causa independentista. Maxwell Hyslop, William Montagu (5° Duque de Manchester), Luis Brión, Richard Wellesley, entre otros, eran sus destinatarios.

Existe una carta muy significativa escrita en Kingston y fechada 27 de mayo de 1815. Era una misiva dirigida a Richard Wellesley. En la misma el Libertador imploraba por la defensa de la libertad y la justicia de Nuestramérica. También, advertía sobre las pretensiones de España de reconquistar estas tierras con “el fuego y la espada en la mano”. Seguidamente sentenciaba: “El equilibrio del universo y el interés de la Gran Bretaña, se encuentran perfectamente de acuerdo con la salvación de la América, ¡Qué inmensa perspectiva ofrece mi patria a sus defensores y amigos! Ciencias, artes, industria, cultura, todo lo que en el día hace la gloria y excita la admiración de los hombres en el continente europeo, volará a América. La Inglaterra, casi exclusivamente, verá refluir en su país las prosperidades del hemisferio que, casi exclusivamente, debe contarla por su bienhechora”.

Era puro realismo político: se requería la ayuda de la primera potencia para mantener a raya el enemigo en ciernes.

Pero, el estadista no se llamaba a engaños: el auxilio no era gratuito y que para convencer a los gélidos británicos había que seducirlos con una negociación apetitosa. Bolívar necesitaba, -y así se lo hizo saber en una epístola enviada anteriormente a los anglosajones- unos “veinte o treinta mil cañones, un empréstito de un millón de libras esterlinas, quince o veinticinco buques de guerra, municiones y unos cuantos voluntarios”.

Como “recompensa”, dice Gerhard Masur parafraseando al Libertador, “el Gobierno británico obtendría las provincias de Panamá y Nicaragua. Entonces Inglaterra construiría canales que uniesen el océano Atlántico con el Pacífico. Ese paso convertiría a estos países en el centro del comercio mundial y aseguraría a Inglaterra la superioridad comercial en todos los tiempos.”

Esta afirmación ha generado un debate historiográfico, acusando al caraqueño revolucionario de tener una postura blandengue después de 1815.

A tal respecto es oportuno citar a Julio Ernesto Linares, diplomático panameño, quien con sólidos argumentos defenestra este reduccionismo negador de la inteligencia estratégica del Hombre de las dificultades: “Y no contando Hispanoamérica con los recursos que le habrían permitido construir un canal interoceánico, pensó, claro está, en Inglaterra como constructora y operadora de ese canal, pero que sin que dicha construcción y operación implicaran cesión de soberanía.

Por ello, precisamente, Bolívar hablo de entregar -y no de dar- las provincias de Panamá y Nicaragua al Gobierno británico. Por ello, precisamente, aparte de las apreciaciones equivocadas que han podido inferirse de la carta a Hislop, en los numerosos escritos de Bolívar no hay nada que pueda servir a sus detractores para imputarle propósitos entreguistas”.

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