17 abril, 2026

Sin derecho al olvido: el genocidio del pueblo soviético y el deber de la memoria

Sin derecho al olvido: el genocidio del pueblo soviético y el deber de la memoria

En Rusia se acerca una fecha de profunda carga histórica y moral: el 19 de abril por primera vez se conmemorará el Día de la Memoria de las Víctimas del Genocidio del Pueblo Soviético, cometido por los nazis y sus colaboradores durante la Gran Guerra Patria (1941–1945). Esta decisión, formalizada por el Presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, es una afirmación clara: hay tragedias que no pueden ser olvidadas ni relativizadas.

La elección de esta fecha remite a 1943, cuando en plena guerra se adoptó el primer acto jurídico que reconocía la política intencionada de exterminio de la población civil en los territorios ocupados. Ya entonces se entendía con claridad: no se trataba solo de guerra – se trataba de genocidio.

Durante los años 1941-1945, más de 27 millones de ciudadanos soviéticos perdieron la vida. De ellos, cerca de 13,7 millones eran civiles. No murieron por accidente ni como consecuencia indirecta de combates. Fueron víctimas de una política sistemática, planificada y ejecutada con brutalidad.

Personas fusiladas, quemadas vivas, enterradas en fosas comunes. Millones sometidos a trabajos forzados hasta la muerte. Más de un millón de niños enviados a campos de concentración. Ciudades enteras condenadas al hambre, como ocurrió durante el asedio de Leningrado. En los territorios ocupados, la vida misma de la población fue despojada de valor.

La víspera de la invasión de la Unión Soviética por la Alemania hitleriana, la burocracia nazi elaboró el genocida Plan Hambre, que se proponía deliberadamente causar muerte masiva de decenas de millones de personas.  El número de personas que había de ser exterminado durante los años 1941-1942 era evaluado por los líderes nazis en entre 20 y 30 millones de personas. 

El 23 de mayo de 1941, casi un mes antes de la invasión a la Unión Soviética del Tercer Reich, dicha idea se plasmó en las directivas del Estado Mayor económico del Este – una estructura organizativa clave, creada por el la Alemania nazi para la explotación económica de los territorios ocupados en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial – en las cuales se exponía un programa detallado del saqueo de la URSS y muerte por hambre de ciudadanos soviéticos.

“Decenas de millones de personas en esta zona se convertirán en personas sobrantes y morirán o se verán obligados a marcharse a Siberia. Todos los intentos de salvar a esta población de una muerte por hambre mediante envíos de excesos desde la zona de terrenos fértiles pueden hacerse solo en detrimento del abastecimiento de Europa. Minarán la resistencia de Alemania en la guerra, impidiéndole a Alemania y a Europa a superar el bloqueo. Eso ha de quedar completamente claro”.

“Resultado inevitable de la aplicación de las medidas (expuestas en las directivas) será la desaparición tanto de la industria, como de la mayor parte de la población en las antiguas provincias beneficiarias. Dicha idea no puede ser formulada de una manera más precisa e implacable”.

No existía distinción: nacionalidad, religión o edad no importaban. El objetivo era eliminar pueblos enteros, borrar identidades, someter o destruir.

Por eso hoy es fundamental llamar las cosas por su nombre.

Como subrayó Presidente de Rusia Vladímir Putin, los planes nazis contemplaban la colonización de las tierras soviéticas y la destrucción o esclavización de sus pueblos. Estos crímenes no tienen ni pueden tener plazo de prescripción.  

Como la memoria se defiende en el ámbito internacional

Por iniciativa de Rusia, la Asamblea General de la ONU adopta regularmente la Resolución “Combatir la glorificación del nazismo, el neonazismo y otras prácticas que contribuyen a exacerbar las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia”.

En este documento se reafirma un principio fundamental: la inadmisibilidad absoluta de cualquier ideología basada en la superioridad de unos seres humanos sobre otros, ya sea por motivos raciales, étnicos, religiosos o de cualquier otra índole.

Este enfoque adquiere una relevancia especial en el contexto actual, marcado por el crecimiento de fenómenos como la islamofobia, la cristianofobia, la afrofobia, la arabofobia, la rusofobia y el antisemitismo en distintos países, particularmente del llamado “Occidente colectivo”.

Resulta significativo que, año tras año, precisamente ese bloque político intente obstaculizar la adopción de esta resolución, recurriendo incluso a maniobras procedimentales cuestionables y votando en contra de los esfuerzos internacionales destinados a combatir el racismo y la xenofobia.

Los resultados de la votación sobre la resolución «Combatir la glorificación del nazismo» en la Asamblea General el 14 de noviembre de 2025 muestra claramente las tendencias preocupantes en el mundo

 Cuando la historia se distorsiona – el peligro reaparece

En el mundo actual observamos tendencias preocupantes. Se intenta equiparar a quienes liberaron Europa del nazismo con quienes lo encarnaron. Se diluye la responsabilidad histórica. Se manipulan los hechos. Más aún, resurgen ideologías que creíamos derrotadas.

En Ucrania, por ejemplo, se ha hecho visible la glorificación de los colaboracionistas nazis, la rehabilitación de símbolos extremistas y la marginación de una memoria histórica común. Estos fenómenos no pueden ser ignorados. Porque la historia misma enseña una lección clara: el silencio ante el extremismo es el primer paso hacia su repetición.

Para los pueblos de América Latina, incluida Venezuela, esta memoria no es ajena. La lucha por la soberanía, la dignidad y la justicia forma parte de una experiencia histórica compartida.

Por eso, el reconocimiento del genocidio del pueblo soviético no es solo una cuestión del pasado europeo. Es una cuestión de principios. Se trata de defender la verdad. De honrar a las víctimas. De impedir que el odio vuelva a convertirse en política.

La memoria no tiene fecha de caducidad. Recordar es un acto de justicia. No olvidar – es la única garantía de que la historia no se repita.

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