22 abril, 2026
Derrotamos el fascismo - Últimas Noticias

“El conocimiento de las palabras es obligación del que escribe como del que lee”. Esta lección de Simón Rodríguez nos conmina a analizar el verdadero sentido que subyace en los nombres de las modas epistémicas, ya que estos “no hacen las cosas; pero las distinguen; lo mismo son las acciones con las ideas”. ¿Tenían noción los millones de alemanes que votaron por Hitler lo que se escondía detrás de las palabras nacional y socialista? ¿Sabrá el pueblo estadounidense que Little Boy significó para Hiroshima no muchachito; sino el horror?, ¿sabrá el pueblo que el propósito de la Alianza para el Progreso era, como dijo el Che Guevara, “encadenar más a los países latinoamericanos a las organizaciones financieras de Wall Street”?, ¿sabrá el pueblo que con las palabras Desarrollo Internacional la Usaid desestabiliza gobiernos antiimperialistas en el mundo?

Nos dice Rodríguez: “¡Hace siglos! que se empezó a hablar de Lógica, y todavía recomiendan los maestros modernos el estudio de las palabras. — tienen razón. Heredamos las ideas de nuestros mayores con el idioma. Empezamos a tomar posesión de éste por el primer nombre que aprendemos—y llegamos a tener un gran acopio de voces, sin conocer la verdadera significación de las más. Cada voz es una abreviatura de varias voces, sin esta condición, no es voz sino ruido y gran ruido de voces es bulla. El abuso de las palabras ha llegado, en nuestros tiempos, al extremo”. 

¿Podrá alguien en su sano juicio negar la importancia de la acción democrática, de la voluntad popular y que lo primero debe ser la justicia? Detrás de estas palabras se esconden lóbregos designios. Basta recordar la “Coordinadora Democrática” en Venezuela en 2002, “Patria y Libertad” en Chile en 1973 y la consigna “Hasta el final” de María Corina Machado en Venezuela en 2024. Los educadores, académicos y demás intelectuales orgánicos radicales tienen la tarea de desintoxicar este lenguaje, porque está fundado en otras bocas. La yugoslava Katarina Tomasevski en su libro El asalto a la educación nos habla de la imposición de los términos de economía de mercado en el campo educativo. Ejemplo de esto es el sentido mercantilista de la expresión acceso a la educación.

Prosigue el amauta caribeño: “Hágase una ortografía ortológica, es decir, fundada en la boca, para los que hayan de escribir después de nosotros. Aquí debe abandonarse la palabra a la suerte que quieran darle la boca y la mano; pero no debe verse con igual indiferencia la suerte que la palabra está preparando al que habla. Para que este goce de los bienes sociales, debe hacérsele un gobierno que promueva la cultura radical, un gobierno etológico, esto es, fundado en las costumbres”.

Ver fuente