Rienzi – Últimas Noticias
Poco debe ser conocido el nombre de Cola di Rienzi (1313−1354) entre los lectores. Personaje fascinante y extraordinario de la Roma del siglo XIV, conocido como “el último de los tribunos”. Su vida atrajo la atención del escritor inglés Edward Bulwer−Lytton (1803−1873), quien realizó una novela sobre él en 1835, y del compositor Richard Wagner (1813−1883) que adaptó la obra de Lytton a una exitosa ópera estrenada en Dresde en 1842.
Rienzi, cuyo nombre real era Nicola Gabrini, había nacido en el seno de una familia humilde. Desde su juventud se inclinó con tanto fervor a la lectura de los clásicos latinos que anheló restaurar la gloria pérdida de Roma. Consideraba que esa era su misión, sacar a la Ciudad Eterna de la depravación, del crimen, de la injusticia que vivía para volver aquella urbe de glorias pretéritas. El celo por esta tarea quedó estimulado en el afán de vengar a su hermano, asesinado impunemente por un noble.
Se hizo notario papal y ganó respeto social. Desde aquella posición y con la protección del papa Clemente VI denunció el gobierno de los nobles para ganar el favor de las masas y ejecutar su propósito. El día de pentecostés de 1347 reunió al pueblo en el capitolio y con ágil elocuencia persuadió sobre el necesario rescate de la ciudad. El público, cansado de los abusos de la nobleza, apoyó sus ideas y le dio el mando ilimitado. Los nobles abandonaron Roma temerosos de la insurrección. La revolución de Rienzi, quien había tomado el título de tribuno, iniciaba.
Gobernó la ciudad con justicia severa en contraposición al régimen licencioso de sus predecesores. Los nobles se sometieron a regañadientes, los caminos fueron purgados de ladrones y el crimen castigado con diligencia. Fue aclamado restaurador de la República romana y celebrado por Petrarca como el nuevo Rómulo. Pero su intención iba más lejos, Rienzi quería unificar Italia, volver a Roma caput mundi y restablecer la sede papal, por entonces en Aviñón. Sin embargo, su ambición, extravagancia y arrogancia inquietaron al Papa, a los nobles y al mismo pueblo que comenzó a verle como dictador. En diciembre de 1347 abdicó. Volvería a tomar el control de Roma en 1354 pero pronto fue derrocado por los Colonna y ejecutado. Era el fin de una vida que transitó entre idealizar un mundo pasado y ambicionar el poder.
