22 abril, 2026
¿Le creerán a Elon Musk?

n la mañana del 8 de agosto de 1897 se inauguró con suma expectativa la planta de El Encantado, cerca de Petare, que enviaría la corriente eléctrica a Caracas, gracias a la tenacidad del ingeniero Ricardo Zuloaga al frente de La Electricidad de Caracas.

Ya en el albor del siglo XX, la novel empresa tuvo que enfrentar la reacción del público que no creía en las ventajas que ofrecía la electricidad en relevo de las añejas lámparas de kerosene para alumbrar las casas. Circulaban rumores que la electricidad atraía los rayos, y que se corría peligro mortal con solo acercarse a un alambre transportador del fluido. Refiere el biógrafo de Zuloaga, Juan Röhl, que la aprehensión de la gente era tal, que el doctor Alberto Smith, profesor de la Universidad Central, dictó conferencias divulgativas para tranquilizar a los espíritus timoratos.

Una instalación eléctrica doméstica podía demorar hasta cuatro días, como lo narra Alfredo Cortina y cuenta la frescura de algún que otro vecino metiche aconsejando a los dueños de casa que no colocara esa luz en los cuartos, que no se le ocurriera leer de noche con esa luz y encerrado porque a él le habían dicho que era muy peligroso en un sitio sin ventilación adecuada, respirar electricidad. Advertencia que se arrastraba desde tiempos de la colonia, pues en verdad, las velas queman monóxido de carbono, que en espacios mal ventilados puede provocar problemas de salud crónicos, como asma agravada, síntomas similares a alergias e irritación del sistema respiratorio.

Es muy natural la resistencia humana a los cambios y el temor a lo novedoso. Hoy día, la denominada inteligencia artificial, o más bien, algoritmos correlacionales, que es lo que esencialmente es, está siendo convertida como la panacea de la humanidad sin ningún freno ético ni legal, atribuyéndole poderes incluso mágicos, aunque suene paradójico.

Una herramienta que han convertido en un culto religioso, desdeñando el poder creador humano. Mary Shelley, en 1816, inspirada en las nuevas investigaciones de Luigi Galvani y de Erasmus Darwin que trataban sobre el poder de la electricidad para revivir cuerpos ya inertes, concibió Frankenstein o el moderno Prometeo, pionera en relatos de ciencia ficción, alertándonos que la ciencia fuera de control puede destruir a sus creadores.

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