30 abril, 2026

¿Quién nos convenció de esa estupidez, princesa Leia?

¿Quién nos convenció de esa estupidez, princesa Leia?

Ayer terminé la primera temporada de Game of Thrones.

Ajá, la empecé a ver 14 años después de su estreno.

Tampoco he logrado adentrarme en Breaking Bad, Peaky Blinders, Black Mirror, Mad Men, y muchas otras series que quisiera ver pero desisto cuando leo la cantidad de temporadas/episodios que tienen.

Es una mezcla de dos factores: mi desapego con los televisores y mi constante falta de tiempo.

De chama, no tenia TV. Toda mi vida comparti cuarto…. y amé la soledad. Por ende, solia estar en el mueble de la sala o en el balcón… leyendo, siempre. Escuchando radio, también. Así se formaron mis grandes pasiones, a las que les he dedicado la mitad de mi vida.

Cuando me mudé sola, no tenia TV. Luego, no habia cable. Y el streaming tardó muchos años en entrar. De hecho, llegó de las manos de mi ex. Hasta ese momento, yo seguía comprando mis DVD en la Plaza Bolívar… porque eso si me mata: una película, principio y final en un par de horas.

Pero resulta que hay producciones cinematográficas que también desafían esa lógica. Lo descubrí con mi padre y su capacidad para ver mil veces las películas de Rocky. Aunque en realidad supe que aquello podía funcionar a la perfección con El Padrino I, II, y III.

Sin embargo, en esta materia, también tenía una deuda que salde en pandemia, mientras un obrero derribaba la pared de mi cuarto para hacerla lisa y poder cambiar su color: ver Star Wars, aunque aún no sé si lo hice en el orden correcto.

El hecho es que me enamoré de Leia Organa, la caraja de los peinados locos, el bikini metálico, la que tomó partido por la Alianza Rebelde que combatía al imperio y rompió con todos los cánones de las princesas de las películas de esa época.

El papel de Leia, desde su primera hasta su última aparición, no es el de la jevita que espera a ser rescatada. Al contrario: es activa, autónoma, buena para la política. Al final, ya no usa su título de princesa sino su rango de general de la Resistencia.

Pero ella sufre el mal de todas las mujeres arrechas: se enamora del cazafortunas Han Solo.

Yo nunca olvidaré la escena en que Leia le dice «te amo» y el desgraciado, aunque la quería, solo atinó a responder “lo sé”. Sin embargo, en la siguiente entrega («El retorno del Jedi»), él le confiesa su amor y ella le paga con la misma moneda: “lo sé”. ¡Chapeau!

El hecho es que cuando una actuación me gusta tanto siempre caigo en lo mismo: ¿será que la actriz/actor tiene coincidencias con el papel y por eso le sale tan bien? Y obviamente… busco la respuesta.

Leia fue interpretada por Carrie Fisher, a quien los medios de comunicación bautizaron como “la princesa que no tuvo suerte en el amor”.

La llamaron así desde su juventud hasta el 2016, fecha en la que falleció con tan solo 60 años de edad, tras ser víctima de una apnea del sueño mezclada con restos de cocaína, heroína, éxtasis y mucha pero mucha tristeza.

La vida de Carrie, como la de casi todos los mortales, estuvo marcada por una gran historia de amor: el cantante estadounidense Paul Simon, integrante de uno de los dúos musicales más exitosos del mundo (Simon & Garfunkel).

Carrie y Paul se conocieron cuando ella presentó el programa Saturday Night Life en 1978. Fueron novios durante casi seis años y esposos unos 11 meses. Se casaron en 1983 y en julio de 1984 ya estaban divorciados. Pero después volvieron. En total, estuvieron juntos más de doce años y recorrieron de la mano un montón de países.

Paul le escribió varias canciones a Carrie incluyendo una de las más bonitas que existen: ‘Hearts And Bones’ (corazones y huesos), tema que le dio nombre al sexto álbum del músico. En una de sus últimas entrevistas, ella confiesa que amaba ese track: “Me gustan las canciones que escribió sobre nuestra relación. Incluso cuando me insulta”.

Si, cuando “la insulta”. Carrie solía contar que sus frecuentes peleas siempre terminaban en risas: «Una vez nos peleamos en nuestra luna de miel y le dije: ‘No solo yo no te gusto, tú a mí tampoco me gustas’. Después intentamos seguir discutiendo sobre el tema, pero ya no podíamos dejar de reírnos. Era amor”.

El hecho es que, aún así, ambos calificaron su relación como “Todo tipo de errores sobre errores y más errores”… porque, ya saben, amar no nos libera de equivocarnos una y otra vez.

En la biografía de Carrie, titulada Wishful Drinking, ella se responsabiliza por aquel fracaso amoroso y escribe algo muy triste que devela la manera en que se veía a sí misma:

“Creo que como mucho se me puede considerar una novia interesante. ¿Pero una esposa? Creo que decepcionaría a cualquiera. Pobre Paul. Tuvo que aguantar mucho conmigo. Supongo que al final caí en eso de ‘buena anécdota, mala elección… mala para la vida real’. Yo era muy buena como material, pero en el día a día era más de lo que él o cualquiera podía soportar”.

Recordé esa cita porque me descubrí este fin de semana diciéndole a alguien que yo “no le convenía… ni a él ni a nadie”.

¿Quién nos convenció de tantas estupideces, Carrie Fisher? ¿Cómo, después de luchar contra la «estrella de la muerte», terminamos dudando de nuestra valía?

Espero estés descansando en paz, Leia, princesa devenida en generala. Al final si tuviste suerte en el amor… pero el amor no siempre es como nos cuentan.

Por: Jessica Dos Santos / Instagram: Jessidossantos13

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