Putrefacción cerebral – Últimas Noticias
La expresión se ha popularizado a partir del año que recién termina. Una noticia del 25 de diciembre nos cuenta que el concepto ha sido elegido por el Diccionario de Oxford como su “palabra del año”. La podredumbre cerebral se refiere al “Deterioro del estado mental o intelectual de una persona como resultado del consumo excesivo de material (particularmente contenido en línea) considerado trivial o poco desafiante”. El uso de esa expresión se ha generalizado en inglés (brainrot) para señalar las preocupaciones por el impacto del uso excesivo de las redes sociales para consumir contenidos de “baja calidad”.
Informa el portal de El País de España que: “La frecuencia de uso del término aumentó 230% entre 2023 y 2024”.
Y esa “podredumbre” (o pudrición del cerebro), cuenta con razones y datos. Por una parte, sería resultado de la tendencia humana a cambiar la atención ante los estímulos llamativos, reacción natural para prevenirse de peligros, pero que es utilizada sistemáticamente en internet para mantener a sus usuarios “pegados a la pantalla”: que si un chisme sobre un artista, un suceso extraordinario, el próximo estreno de una película, una receta para bajar de peso, un mensaje personal o una bella persona que dijo algo que nos conecta. La adicción es potenciada por el manejo de información sobre cada uno de nosotros que ya posee el motor de inteligencia artificial que está detrás de las “redes”: se nos muestra aquello que nos gusta, contenidos personalizados que pueden hacer que cualquiera pase horas recorriendo contenidos inconexos. Al parecer, ya se cuenta con datos que alertan sobre la manipulación sistemática, la disminución de la capacidad de atención e incluso la “reducción de la materia gris” como producto de esa práctica.
Más allá del escándalo, la alerta nos llama a garantizar los tiempos y oportunidades para correr, pasear, jugar pelota, conversar con amigos y amigas, disfrutar la comida, sembrar y cuidar las plantas, pintar, reflexionar, bailar… Sí, sobre todo en los casos de las niñas, niños y jóvenes urbanos, la casa nos encierra, es indispensable que esos tiempos y oportunidades sean valorados en la escuela. No se trata de una treta conductual, sino de garantizar el contacto con la vida, ese mismo que nos quieren borrar.
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