20 abril, 2026
Punto criollo: «¡Milagro, milagro!»

Virgen de la Chiquinquirá, Chinita

Era el año 1709, y en el atardecer, el sol reflejaba su rostro en las mansas aguas del lago de Maracaibo; y allí, en la orilla, como siempre, lavando ropa ajena, estaba María Cárdenas, una mujer pobre y honesta, cuyo único y gran tesoro era su inmensa fe dios.

María, con sus manos arrugadas y curtidas, lava los trapos ajenos y con su mirada busca en la orilla un pedazo de madera, pensando en su vieja tinaja rota, y al rato, sus ojos se posan sobre una tablita, vieja y mugrienta que tenía las medidas exactas de 26 centímetros de alto y 25 de ancho, para convertirse en la tapa de su anciano tinajero. María agarra la tablita y la lleva a su humilde vivienda; una casita de barro y techo de palma en el barrio El Saladillo.

Pasan los días de María, como siempre, con el estómago vacío y con la dura realidad del lavado a las orillas del lago.

Pero un día todo cambió; en el amanecer de aquel 18 de noviembre del año 1709, María despertó por un resplandor que iluminó su humilde vivienda: era la tablita que saltaba sobre la tinaja irradiando una luz celestial. María interpretó la señal y salió corriendo por las calles de El Saladillo, con la tablita en sus manos, gritando: “Milagro, milagro”.

Ciertamente, era un milagro. Un milagro que quedó grabado por siempre en el alma del pueblo zuliano y en esa tablita, santuario de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, conocida popularmente como La Chinita”, y como patrona del estado Zulia.

Cada 18 de noviembre, entre gaitas y oraciones, el pueblo zuliano rinde tributo a su “Chinita”, la misma que permanece imborrable en aquella tablita que un día María Cárdenas rescató de las aguas del Lago de Maracaibo.

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