22 abril, 2026
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Jorge Mario Bergoglio, quien acaba de fallecer a los 88 años de su nacimiento en Buenos Aires, Argentina, se convirtió en sumo pontífice el 13 de marzo de 2013 y es el primer latinoamericano en ser Papa.

Ha dejado huellas imborrables para la humanidad y la cristiandad, y a nuestra querida Venezuela le legó un santo y una santa, como son los casos del venerado médico José Gregorio Hernández cuya santificación fue anunciada el 25 de febrero y la madre Carmen Rendiles, nacida en Caracas el 11 de agosto de 1903, fallecida cuando contaba 73 años y cuya santificación se anunció el pasado 31 de marzo.

En este marco histórico religioso que se está viviendo en nuestro país, debemos citar las declaraciones del presidente Nicolás Maduro Moros, quien al referirse a la santa Carmen Rendiles manifestó: “Hoy su canonización es ratificada por la Iglesia católica a través de su santidad, el papa Francisco. Con el anuncio del Vaticano, Venezuela renueva su fe y el mundo tiene más motivos para orar con nosotros, para clamar por la esperanza y el brillo de nuestra patria, que los ilumine y alcance”. También hizo referencia al sumo pontífice fallecido.

Asimismo, históricamente debemos sumar a estos dos casos el de la primera beata de Venezuela, Laura Evangelista Alvarado Cardozo, cuyos padres fueron Clemente Alvarado y Margarita Cardozo. De su nacimiento se cumplieron 150 años el pasado viernes 25 del mes en curso, en Choroní, estado Aragua, quien a los 17 años hizo voto perpetuo de virginidad en la iglesia de Maracay. En 1893, conjuntamente con el presbítero Vicente López Aveledo, fundó en Maracay el Hospital de San José. Siguiendo el juramento realizado se sometió a una rígida alimentación “escasa y moderada”. Igualmente, en 1901 fundó la congregación religiosa de los Agustinos lo que le permitió ser consagrada como “hermana hospitalaria agustina” con el nombre de sor María de San José.

A la vez, participó en la fundación de varios hospitales y colegios en casi toda Venezuela, labor que continuó hasta 1960 cuando iba a cumplir 85 años. Falleció a los 92 años.
Se inicia así el proceso de canonización, cuando en el mes de septiembre de 1982, le sigue el milagro de curación de la hermana Teresa Silva. Continúa cuando el siete de marzo de 1992 es declarada venerable y, en diciembre de 1993, el papa Juan Pablo ll decreta la aprobación del milagro de la madre María de San José. El proceso concluye en 1994.

Pasarían 27 años de su fallecimiento y sepultura y sus restos mortales fueron encontrados intactos. De inmediato, su cuerpo incorrupto fue trasladado a un sarcófago de cristal para la devoción por parte de los fieles y el siete de mayo de 1995 fue beatificada por el papa Juan Pablo ll.

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