Premios Goya 2024, la insípida gala que alzó a los cielos a ‘La sociedad de la nieve’ y permitió a Pedro Almodóvar devolver el puñetazo contra el cine español
Las cosas, como son: el ambiente pre-Goya no incitaba a la euforia, entre la calificación de «señoritos» a la industria del cine español (entre muchas otras licencias) por parte de Juan García-Gallardo, vicepresidente de Castilla y León, y la resaca del caso Carlos Vermut, del que han dado un par de brochazos en la entrada, sustituyendo a los chistes, insistiendo en que la Academia se lo toma muy en serio para que, por lo menos, nadie pueda acusarles de hacer mutis por el foro. Cada año, un fuego distinto que apagar.
Las aguas del cine español se presentaban movidas en un momento de calidad inapelable, pero al menos durante tres horas todo se centró en el duelo entre ‘20.000 especies de abejas’ y ‘La sociedad de la nieve’ que se planteaba mucho más reñido pero ha acabado con Bayona haciendo saltar todo por los aires y convirtiéndose en la tercera película más premiada de la historia. Y sin embargo, nadie va a hablar mañana de eso gracias (o por culpa de) Pedro Almodóvar. Pero vamos a repasarlo como es debido.
La gala soñada
Los primeros minutos de la -spoiler: larguísima- gala ya dejaban caer que iba a ser un festival de sobriedad más que de humor, empezando con Los Javis en su sofá en pijama emulando a las matrimoniadas pero en su edición Premios Goya, soñando con su gala ideal y haciendo aparecer, de la nada, a Ana Belén. Buena idea, ejecución regular. Será una constante a lo largo de estas tres horas y media.
Al otro lado del sofá, como si fuera el inicio de ‘Misión Imposible: Fallout’, todo el cine español les esperaba tras un decorado mirando con cara de «Ay, madre mía, la que se nos viene encima». Los tres pasaron a repasar cómo presentarían los Goya en una meta-gala que prometía pero, francamente, no terminó de dar. En general, los Javis no acabaron dejándose llevar por la improvisación todo lo que hubieran queridomientras que Ana Belén estaba más encorsetada en un guion al que le faltaba ambición.
De pronto, la locura en la que prometían que se iba a convertir todo, con los Javis quitándose el pijama y apareciendo en traje de purpurina se quedó en nada, con una actuación de Amaia y David Bisbal cantando ‘Mi gran noche’. Que es un temazo infalible para cerrar cualquier discoteca, sí, pero tiene que ver con los Goya, más allá de la película de Álex de la Iglesia, lo que un huevo con una piedra. Entre los premios MTV y una gala de Nochevieja, diez minutos después de empezar los Goya aún nadie había hablado de una sola película nominada.
Entre medias de este inicio tan encorsetado como estructuralmente caótico, los realizadores nos regalaban planos de Sigourney Weaver mirando con fascinación a Bisbal mientras parecía pensar «Pero por qué dije que venía, qué está pasando aquí». De la música y la fiesta pasamos abruptamente a un par de minutos dedicados al Me Too (en español traducido como Se Acabó), que acallaba los posibles gritos en redes de días posteriores. Ana Belén y los Javis exigieron «condenar todos los abusos y la violencia sexual» y, con este ambiente entre lo solidario y lo sórdido, dio comienzo una gala que fue a toda velocidad y sin humor de ningún tipo. Mucha celebración, pero cortita. Sin chistes, que emborrona el mensaje. Hala, a dar premios.
Once more with Netflix
Loles León y Fernando Tejero tuvieron el honor de dar el primer premio de la noche, no sin antes saludar a Sigourney Weaver. La pobre no sabe ni dónde meterse ni que le están diciendo, viviendo la perfecta experiencia «No tengo Google Translate y estoy en un país donde no hablan inglés muy allá». Ya en estos primeros premios podemos observar algo que continuará toda la gala: después de 38 años, aún no han encontrado la manera de acallar el aplausómetro y ver qué apoya el público y qué no tanto.
José Coronado inauguró el primero de 28 discursos con su premio como actor de reparto, ante la sorpresa de absolutamente nadie. Coronado se lo ha dedicado al resto de nominados diciendo que se aguanten, que son más jóvenes y tienen más tiempo para ganar. No será la primera vez que escucharemos ese discurso sobre la juventud desde la tarima. Os queda mucho tiempo, dadme el premio a mí.
Amaia, pluriempleada ella, vuelve al escenario para presentar el premio a mejor canción junto a Alba Flores, que pide «paz para Palestina, por favor». Así, muy educados, es difícil que no les vayan a hacer caso. El premio es para Rigoberta Bandini por ‘Te estoy amando locamente’, lo que nos permite ver algo inaudito: la mitad de Venga Monjas en los Goya. Bandini dedica su discurso a favor del colectivo LGTB entre el aplauso general. Tristemente, sería el único premio de la película.
No se permiten chistes, niño, solo reivindicación
A partir de aquí, la gala va a toda velocidad convirtiéndose en un ir y venir de famosos que apenas duran un minuto en pantalla. Por ejemplo, para presentar el premio al diseño de vestuario suben cuatro actrices de nivel solo para decir «Los nominados son» y luego dar el premio y apartarse. Es el inicio de un ritmo irregular rarísimo que hacia el final se fue normalizando un poco. Por cierto, este fue el primer premio de ‘La sociedad de la nieve’, que durante una hora y media de gala fue un continuo: efectos especiales, actor revelación, fotografía, sonido, dirección de arte, dirección de producción, montaje… Todo para ellos, sin perdón. Y sin chistes.
¿Os acordais de aquella vez que Antonio Banderas presentó una gala recia de los Goya y dijimos «Así deberían ser»? De aquellos barros, estos lodos. Ni tan siquiera en los momentos jocosos nadie se atreve a hacer un chiste o una broma fuera de guion. Y las pocas que se intuyen, no entran bien. Los Goya son reivindicativos, como mucho, en esta presentación de famosetes repartiendo premios por el medio. Lo más parecido a un chiste fue un tráiler remontado de ‘Ocho apellidos vascos’ como si fuera una película de terror, un tanto amateur. En Twitter, la verdad, no alcanzaría ni los 30 retuits.
Los ganadores, entre tanto, han aprovechado para saludar a su familia (como si esto fuera la televisión de los 90) y J.A. Bayona ha acabado ganándose su propio cámara, con el plano fijo en él para ver su reacción. Al fin y al cabo, empezaba a parecer una gala de premios dedicados en exclusiva a la película de Netflix antes que al cine español de 2023 en general.
Foto de perdedores, sociedad de ganadores
Tras esta avalancha (je) de premios, Los Javis aparecen en las escaleras charlando con Ana Belén sobre todas las veces que han perdido en los premios, y se les ocurre una idea mejor sobre el papel que en pantalla: un «selfie de perdedores» con todos los que han sido nominados y no tienen un Goya en su casa. Como el de Ellen, pero con gente de esa que dices «Ah, me suena de algo, sí». «Y esto que se haga viral», ha pedido Javi Calvo al final, como si fuera el presidente de una agencia de márketing exigiendo «engagement» a sus becarios de redes sociales.
Después, por qué no, Estopa se hace una versión de ‘Quiero ser libre’. A estas alturas de juego, todo vale. Sin darnos cuenta nos plantamos en el décimo Goya de ‘La sociedad de la nieve’, en el que el propio J.A. Bayona sube a recoger el premio en lugar de Michael Giacchino. Aún le veríamos más veces en ese escenario: la gala era completamente suya hasta el punto de parecer el presentador más que Los Javis.
A mediados de la gala llegó el momento del Goya de Honor para Juan Mariné, el mítico director de fotografía en más de cien películas cuyo discurso dio el gran José Sacristán, dejando un par de recaditos políticos por el camino. Una vez más, tampoco serían los únicos. Eso sí, no vivimos el momento de recoger el premio, porque ya se lo dieron unos días antes. Al fin y al cabo, Mariné tiene 103 años, así que, en lugar de su discurso, nos hemos comido el de Sacristán (que, por otro lado, siempre es un gusto).
La gala del sueño
Ana Belén vuelve al escenario a dar un discurso sobre lo importante que es el cine, haciendo referencia a las palabras del vicepresidente de Castilla y León unas horas antes. Antes de que los ánimos se caldeen, la actriz se pone a cantar por Concha Velasco, con un ‘Madre, quiero ser artista’ a medias con Los Javis. La intención es preciosa, pero el resultado es un espectáculo entre el karaoke de Mostenses a las tres de la mañana y una gala de Jose Luis Moreno de la década pasada. Desde luego, esta no ha sido la gala llena de diversión que nos prometieron.
A su favor hay que decir que el Goya a mejor Película de Animación no ha tratado el cine de este tipo como un género menor ni se han hecho tonterías para justificarlo. Justamente, ‘Robot dreams’ se llevó el cabezón a casa (aunque, francamente, debería haber sido nominada a mejor película a secas), con Berger añadiendo «¡Solo está en cines!» e insistiendo «¡Larga vida a los cines!». No es mal antídoto contra la Netflixada infalible que está siendo la gala.
Jonás Trueba y Nathalie Poza dan comienzo a la siguiente tanda de premios, esos mal llamados «menores» y que tantos sueños esconden en su interior: mejor documental (la preciosa ‘Mientras seas tú’, ganando al mismísimo C. Tangana), cortometraje de ficción (‘Aunque es de noche’), cortometraje documental (‘Ava’) y cortometraje de animación (‘To bird or not to bird’). Y después, empezó la recta final. Spoiler: iba a ser una recta final larguísima.
Todo sobre mi Weaver
Estíbaliz Urresola se llevó el primer premio (cantado) para ‘20.000 especies de abejas’. Poco duró la alegría: Los Javis recordaron sus primeros momentos con el cine español y los Goya en un extraño ego trip (donde dejaron otro detallito para el político: «Amar el cine español es una de las maneras más bonitas de amar a nuestro país») que culminó con la aparición de Almodóvar y las actrices de ‘Todo sobre mi madre’, celebrando el 25 aniversario y contando que ese sofá era el de la película en cuestión. Al menos hubo un momento de atrevimiento fuera del guion (Ambrossi diciendo al manchego «¿Viste que fui heterosexual quince segundos?») y, en general, funcionó. Eso sí, el enganche con el Goya a Sigourney Weaver estaba dado un poco al tuntún.
¿Quién iba a dar el premio a Weaver sino, una vez más, Bayona? Llevábamos media hora sin verle, al fin y al cabo. La actriz recoge el premio recibiendo el aplauso de un montón de gente que no ha visto jamás y los Goya deciden poner su discurso íntegro sin voz en off por encima, por lo que la mitad de la población habrá escuchado un sanísimo «Guachi guachi guau». Weaver dice que es «un profondo honor» estar aquí mientras el público aplaude ese diez por ciento de frases en castellano que ha conseguido colar.
Ah, lo de que no haya voz en off es especialmente insultante teniendo en cuenta que Weaver ha hecho un homenaje a su propia actriz de doblaje. En fin. Nuestro Goya Internacional dice que qué envidia, que nos llevamos todos muy bien y que quiere que la inviten todos los años. Ay, pobrecica, si ella supiera. Al terminar, era el momento de otra actuación musical aleatoria. En este caso, ‘Se acabó’, la segunda vez esta semana que se hacía una versión de María Jiménez tras la actuación de ‘OT’. No, no era una canción para presentar el In Memoriam (habría sido un momento impagable), sino como una especie de representación del Me Too a la española, a la que se dedicó otro pequeño segmento más y, de rebote, el premio a mejor actriz revelación, que recayó en Janet Covas, actriz de ‘O Corno’.
Pesadilla en Pedro Street
Para sumar a la incomprensión de la gala, Gael García Bernal apareció en el escenario para hablar de… La crisis climática. Pues claro. Que el premio a la mejor película iberoamericana no le impida a los Goya dar todas las reivindicaciones posibles a la vez. El premio, por cierto, fue para ‘La memoria infinita’, como no podía ser de otra manera (algo que Bernal ya sabía de antemano, porque se olvidó de presentar los nominados y abrió el sobre antes).
Por su parte, la mejor película europea fue para ‘Anatomía de una caída’ y la mejor actuación secundaria femenina para Ane Gabarain por ‘20.000 especies de abejas’. Un premio, por cierto, presentado por Sofía Otero entre lágrimas. El hecho de que Otero no esté siquiera nominada por culpa de las vetustas reglas de la Academia tendría que hacer replantearse las reglas en cuestión, porque claramente habría sido la vencedora de este año.
A falta de veinte minutos para terminar la gala de manera hipotética (ya sabemos cómo van estas cosas), fue el momento del director de la Academia, Fernando Méndez-Leite, que entre las reivindicaciones habituales (como que no llamemos «peli» a las películas) habló de una pesadilla relacionada con Pedro Sánchez y ‘El callejón de las almas perdidas’, tuvo una parada para beber y, en general, resultó un poco intrascendente.
Sprint final
En In Memoriam, al emocionante son de ‘Procuro olvidarte’ (y al que cortaron el aplausómetro justo a tiempo), fue presentado por Los Javis y Ana Belén diciendo que esta gala era muchísimo mejor que la que habían imaginado en un principio. Por lo que suponemos que, efectivamente, soñaban con una gala insípida como comer cartón. Por cierto, procuremos olvidar que la canción era el tema principal de ‘Quién te cantará’. Ups.
El Goya a mejor guion adaptado se presenta como «el más importante de la noche» (hombre, no sé yo), que recae en ¡’Robot Dreams’! Reconozco que he pegado un grito. Siempre es bonito cuando la animación sale de ese nicho en el que no merece estar. Por su parte, el premio a mejor guion original fue para Urresola, que aprovechó para agradecer a todos los que se habían quedado fuera del discurso de dirección novel. Aquí no se tira nada. Además, abrió la duda sobre estos últimos premios: ¿podrían las abejas ganar al accidente?
En el sprint final, sabiendo que estaban fuera de tiempo y con muy poca épica, el premio a mejor actor se repartió para David Verdaguer por ‘Saben Aquell’, donde hace de un Eugenio perfecto. En el discurso se ha mencionado a Ignatius Farray, algo que, francamente, jamás esperaría haber visto en los Goya. Por su parte, la mejor actriz fue para la inapelable Malena Alterio, que hace un one-woman-show espectacular en ‘Que nadie duerma’ por más que algunos se empeñen en encasillarla en ‘Aquí no hay quien viva’.
El uppercut de Almodóvar
Media hora más tarde de lo que debería haber acabado, se entregaron los dos últimos premios: el primero a J.A. Bayona. Y, finalmente, sin mucha emoción, entregado por las cinco actrices de ‘Todo sobre mi madre’, acompañadas de Almodóvar, han reivindicado el cine español, dando un manotazo con la mano abierta a García-Gallardo diciendo que el dinero que se da como anticipo lo devuelven con creces. Lo mejor, para el final
El premio, como no podía ser de otra manera, fue para ‘La sociedad de la nieve’, dejando solo a ‘Un amor’ entre las cinco nominadas sin ningún premio en su haber y a Bayona como el rey absoluto del cine patrio. No sé yo si mañana la gente va a hablar de este éxito o de la lucha de Pedro Almodóvar contra Vox. Esta gala ha terminado tan tarde que ha trastocado la programación completa de La 1, pero entrar en redes sociales mañana va a ser inaguantable. Ya veréis.
Al terminar, Ana Belén y los Javis han terminado despidiéndose con un «¡Y que viva el cine español!» con esa sensación de discurso de fiesta que llega tarde cuando ya te estás marchando por la puerta y solo quieras ir a la cama para que te dejen en paz. Francamente, no es mal resumen de lo que han sido estos premios en 2024.
