19 abril, 2026
Por la paz y el retorno

El presidente Nicolás Maduro ha sido uno de los principales garantes de la paz en Venezuela. En ese sentido, basta con recordar como aquella convocatoria a una consulta para llamar a la constituyente en 2019 fue la acción clave para neutralizar los focos de violencia y las guarimbas que habían estado alterando, durante meses, la cotidianidad de nuestro pueblo.

Esa paz fue interrumpida el 3 de enero. El hecho abominable de los bombardeos sufridos en Caracas, La Guaira y Miranda, el asesinato de más de cien personas entre militares y civiles, así como el secuestro del presidente y la primera combatiente, dejaron en la población, sobre todo los habitantes de las áreas aledañas a los lugares atacados, una mezcla traumática de terror, consternación y rabia.

Estas acciones pretendían desatar una serie de consecuencias que, dada la madurez política de nuestro pueblo y la cohesión del equipo de gobierno, no llegaron a concretarse. No hubo una reacción violenta, con saqueos ni disturbios y tampoco se concretó un golpe de Estado que interrumpiera el hilo constitucional. Pero quedaron heridas que hay que sanar con objetivos precisos: preservar la paz, fortalecer la gobernabilidad en el territorio para mantener la estabilidad y defensa de la soberanía y activar todos los mecanismos necesarios para el pronto retorno de los secuestrados.

Las artes, con sus cualidades para tocar almas y conmover, son un vehículo eficiente y oportuno para alcanzar estos objetivos. Abordajes, desde la Gran Misión Viva Venezuela, en urbanismos, comunidades y escuelas que devuelvan la tranquilidad a nuestras niñas y niños, y sensibilización de la opinión pública, desde el ámbito de la creación, por la libertad y retorno del presidente y su esposa, son tareas urgentes y prioritarias del devenir cultural.

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