Por el llano, por el viento
Cuando yo era niño y la hora de levantarse de la cama era a media mañana porque era domingo y no había escuela, ocurría un acto de magia suprema: mientras mamá hacía el perico, las caraoticas y las arepas, mi papá ponía en el pick up un disco del cuarteto Rafael Suárez con cuatro maestros: el tenor Jesús Sevillano, el contrabajista Telésforo Naranjo, el cuatrista Rómulo García y el pianista Juan Carlos Núñez. Después de alimentar la conciencia con merengues, valses y joropos, papá ponía a Soledad Bravo cantando un poema de Aníbal Nazoa con música de Juan Carlos Núñez: “Entre tu pueblo y el mío hay un punto y una raya, la raya dice no hay paso, el punto, vía cerrada”.
Pasaron los años y tuve la oportunidad de cantar su tríptico lorqueano en el Orfeón Universitario de la casa que vence la sombra bajo la égida del maestro Raúl Delgado Estévez. El 14 de julio de 2024, partió a la eternidad uno de los más importantes compositores de la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas. Me refiero a Juan Carlos Núñez. Cuatro días antes, había emprendido el mismo destino Rómulo García.
Luis Ernesto Gómez, en el número 43 de la revista Zona Tórrida, le pregunta al maestro: ¿Cuál es la función social del compositor? La respuesta de Juan Carlos es lección de vida: “Los compositores somos intérpretes de un pueblo. Para mí el rol del compositor siempre ha sido una actividad relacionada con el prójimo, vinculada con la sociedad, con el colectivo. Ese es el compositor que soñamos, el que traduce las tradiciones y tiene una actitud crítica de su entorno”.
Juan Carlos es uno de los grandes músicos bolivarianos de la Escuela de Composición del maestro Vicente Emilio Sojo. La música de la obra teatral Bolívar de José Antonio Rial estrenada en 1981 por el grupo Rajatabla, su Réquiem a la memoria de don Simón Bolívar escrito en 1986 y la Cantata Simón Bolívar del año 2015, lo demuestran.
Para Juan Carlos Núñez, “la composición es como el zumo, el producto total de la civilización, lo que queda, incluidas todas las artes, todo el pensamiento. Es lógico porque la música es un lenguaje prácticamente oculto, críptico”. Jamás olvidaré su abrazo cuando la Unearte le entregó el diploma de licenciado en Música. El día después de su partida, coralistas de toda Venezuela celebraron el Día Nacional del Canto Coral, cantando por toda nuestra inmensa geografía: “Córdoba. Lejana y sola. Por el llano, por el viento, jaca negra, luna roja.”.
