24 abril, 2026
De San Remo a Caracas

El próximo 24 de junio se conmemora un nuevo aniversario de la batalla que en 1821 entregó Caracas y todo el centro de Venezuela a Bolívar. Cuando el connacional común imagina a Páez en esta contienda decisiva lo hace teniendo por referencia la obra de Tovar y Tovar, donde el jefe llanero, montado en equino blanco, vestido de húsar y espada en mano galopa sobre la sabana en persecución del enemigo. Pocos conocen que más allá de la acción guerrera y el conducir la primera división, la que más fuego llevó durante la lid, Páez resultó un importante proveedor de aquel ejército de 6.500 hombres (4.000 de infantería y 2.500 de caballería).

El 10 de mayo de 1821 narró Páez en su autobiografía que salió de Achaguas con 1.000 infantes, 1.500 jinetes, 2.000 caballos de reserva y 4.000 novillos, provenientes la mayoría del hato La Candelaria Aranera. Con esta cantidad de tropas y animales cruzó el río Apure desde el paso Enriquero. Este tránsito, que tenía por destino unir fuerzas con Bolívar en San Carlos, fue arduo. El crecido número de animales sumado a la estación de lluvias hacía más lenta y difícil la marcha. Contaba Páez: “Todas las noches los caballos se escapaban en tropel, sin que bastaran los hombres que los custodiaban para detenerlos en fuga. Por fortuna, como habían estado siempre reunidos por manadas en los potreros, corrían juntos y era más fácil seguirlos por las huellas que dejaban en la tierra, muy blanda entonces, pues para mayor aprieto estábamos en la estación de lluvias”. No obstante, al salir los animales los ágiles llaneros iban en su búsqueda para regresar con sus compañeros en el alba.

Pedro Briceño Méndez, secretario de Guerra, comunicaba a Páez que, ante lo difícil de la travesía, el Libertador recomendaba: “Que cada soldado traiga uno o dos de diestro, y como de noche se atrasarían mucho si durmiesen también amarrados, se soltarán en madrina, pero marcados o con suelta; de este modo se remediaría todo, vendrán más seguros y menos estropeados”. El ejército de Apure marchó así 610 kilómetros, sin hostigamiento enemigo, pero azotado por las lluvias, la carencia de caminos y el embarazo por la fuga constante de animales necesarios para la manutención armada y alimentaria de la tropa.

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