Zozobra inducida – Últimas Noticias
En junio de 2015, en el diario La Stampa, el semiólogo y novelista italiano Umberto Eco expresó, sin tapujos, su opinión sobre la plataforma digital: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Un mes antes dijo al ABC de España: “El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad”.
Pero hoy esas legiones buscan la fama que, gracias al ecosistema basado en lo digital y en la necesidad de ser vistos en todas las redes posibles, han encontrado un nuevo modelo de negocio, el de la economía de creadores de contenido. Claro está, existen excepciones en la difusión de diversos temas que colaboran en la educación y el entretenimiento; incluso, esa comunidad ha permitido que verdaderos talentos encuentren un espacio para mostrar sus competencias sin el filtro de intermediarios, como sucedía en la mass media predigital.
Para buscar ganancias, esas turbas del streaming, sin ningún tamiz ético ni legal, engañan al público porque lo más condenable es utilizar el odio, la indignación o la controversia para manipular la interacción en plataformas digitales. Ese modus operandi se conoce como rage baiting (cebo de rabia): una estrategia de mercadeo y creación de contenido donde se publica material diseñado para enfurecer a los usuarios. Puede incluir errores obvios, opiniones extremas, datos manipulados o provocaciones absurdas. El odio vende porque el objetivo de esta técnica es explotar los algoritmos de redes, los cuales priorizan la interacción por encima de la calidad o certeza del contenido. La frustración y el enojo obligan a las personas a comentar, compartir y discutir, lo que eleva las métricas de alcance y monetización.
Como si no bastase la tragedia inconmensurable que vive la población venezolana provocada por los terremotos de San Juan, una caterva de “creadores” inmersos en un aquelarre ha difundido informaciones falsas, por ejemplo, que la etiqueta roja en edificaciones implica su demolición, causando pánico en la colectividad, manteniéndola en zozobra o revictimizando a los perjudicados, lo cual constituye un delito contra el orden público.
