2 agosto, 2026
Soñar la esperanza - Últimas Noticias

Saliendo de bachillerato se nos ocurrió, a un grupo de amigos, montar obras de Aquiles Nazoa para presentarlas en las fiestas familiares. Así «Don Juan Tenorio», «Las Muñoz Marín salen de compra», «Las personas superiores o al que no le haya sucedido alguna vez que levante la mano» y «Ratón Pérez» se convirtieron en momentos hilarantes y maravillosos en unas rumbas que poco tenían en común con las de nuestros compañeros de generación, más preocupados por imitar las vestimentas y pasos de baile de John Travolta en su fiebre del sábado por la noche.

En los años 90 volví a encontrarme con la actividad teatral como director musical del grupo Teatro La Bacante, dirigido por Diana Peñalver, y, posteriormente, del Teatro del Laberinto, dirigido por Ignacio Márquez y Anabel Llorca. En este último, además, tuve la osadía de actuar (y hasta un premio me gané en ese renglón en uno de los festivales a los que asistimos, pero esa es otra historia).

Lo cierto es que asumí esas responsabilidades histriónicas siempre desde lo lúdico y con la tranquilidad del que no espera un juicio crítico hacia su desempeño dado que, a fin de cuentas, yo no era un actor, en términos profesionales. Esa noción de juego con la que enfrentaba los papeles, al mismo tiempo, me hacía recuperar virtudes que desaparecen cuando uno deja de ser niño y se asume la adultez. La virtud de ser otro y entrar en otra lógica surgida de las reglas del juego. Como en los sueños.

Porque se trata de jugar, es que el teatro, con todas sus herramientas para el dominio técnico (en cuanto a la expresión corporal y la técnica vocal), es una de las disciplinas artísticas que más seducen a nuestros niños. Y por eso, aplaudo de pie la incorporación del Movimiento Teatral César Rengifo a la Ruta de la Esperanza en los campamentos transitorios.

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