Soberanía afectiva – Últimas Noticias
La mediática internacional, los políticos opositores y un batallón de infames influencers intentaron manipular la realidad tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026.
Vendieron como supuesta “incapacidad del Gobierno” la movilización masiva de miles de personas hacia La Guaira, pretendiendo juzgar la profunda solidaridad caribeña desde el individualismo.
Omitieron el ser de nuestro pueblo: esa dignidad colectiva y amor orgánico, amor del bueno que moviliza la fibra comunitaria y la memoria afectiva, fortalecida en estos 27 años de proceso bolivariano.
El balance oficial supera los 6.000 fallecidos, junto a miles de heridos y viviendas colapsadas. Sin embargo, las cifras no capturan una de las dimensiones del impacto: los cruces invisibles de consanguinidad y afecto.
En nuestra identidad antropológica y mestiza, el compadrazgo, los tíos y los vecinos funcionan como redes reales de seguridad social. Las ondas destructivas de los dos sismos alcanzaron a múltiples generaciones dentro de una misma comunidad.
En otros lugares, la pérdida de esos apoyos deja al individuo en la intemperie. En Venezuela, la protección constitucional y la acción del Gobierno Nacional se activaron desde el primer minuto para acompañar al pueblo. Pero junto al Estado, se desplegó una fuerza humana protagónica e identitaria.
A este fenómeno lo hemos denominado “conmoción emocional expansiva”. Ocurre porque el dolor y la solidaridad no tienen fronteras; son un fluido que recorre cada rincón de la red humana. En nuestro país, cualquiera tiene un familiar, un compadre o la prima del barbero, que sufrió pérdidas en La Guaira. El sufrimiento trasciende la familia nuclear y se instala en la piel de toda la nación.
La conmoción deja en el dolor su huella de violencia física y mental, mientras que su carácter expansivo muestra cómo el trauma se propaga y, al mismo tiempo, activa una respuesta protectora.
Denunciar la infamia es reafirmar nuestra soberanía afectiva: no hay caos, sino la respuesta ancestral de un pueblo mestizo caribeño que convierte la herida en fraternidad y el sufrimiento del vecino como propio.
Fue esa empatía espontánea la que definió la Conmoción Emocional Expansiva: una red viva, pulsante y reconstructora. Ante las dificultades, la Venezuela heroica y rebelde resiste, renace y demuestra que la solidaridad es nuestra mayor fortaleza.
