Salvador de la Plaza en 1917
En el año de 1917, Salvador de la Plaza escribía su diario, esencialmente político, con algunos matices íntimos. No trataba aún del grande militante comunista, sino el de un mozo patriota que luchaba por organizar al “estudiantado en asociaciones” con el objetivo último de combatir el atraso instaurado por el gomecismo.
Aunque es importante subrayar que trató de su etapa premarxista; por ende, en el marco del binomio conceptual “civilización y barbarie”, el otrora estudiante de la vieja universidad de Caracas no solo denunció a algunos personajes vinculados a J.V. Gómez, sino que también luchó por establecer un Estado nacional moderno.
Por ejemplo, el 11 de agosto de 1917, redactó dos asuntos singulares: “Hoy tengo noticias agradables. Los Cárdenas, ministros venezolanos en Francia, han sido declarados por el gobierno francés personas non gratas, por considerarlos espías alemanes —en la valija de la Legación enviaban correspondencia alemana— (…) La otra noticia es que César Zumeta está preso en New York por espía alemán; parece que le seguirá un juicio (…) Así saldremos de un hombre perjudicial (…) Nosotros deberíamos ser concretos en que solo el gobierno es germanófilo y que, siendo tiranos, no son los representantes de Venezuela sino de sus intereses particulares”.
José Enrique Rodó, León Tolstoi, Manuel Ugarte y Jules Payot influyeron ideológicamente en la visión política y moral de la Plaza, aunque atravesada por un profundo amor a la patria que intentó regenerar por la vía del movimiento estudiantil. Odiaba, con sincero ardor, a los andinos en el poder (de Castro a Gómez). Detestaba, como toda su generación, la cultura de los caudillos y macheteros. Los consideraba enemigos de la necesaria “civilización” de Venezuela.
Por ello, de igual manera, centró parte de su análisis y aspiración política en las nociones de “raza y nacionalidad”. “Yo quisiera (…) la existencia de los venezolanos con ideales de raza (…), no el simple bienestar material”.
Claramente, para este, el rol ideológico y político del “estudiante” consistiría en liberar al país del oscurantismo instaurado por los enemigos del ideario de Simón Bolívar, pero bajo un claro sentimiento anti-yankee. Si bien luego, en su etapa marxista, centraría en la clase obrera (junto a otros sectores de la clase social, ya que no fue un dogmático) la utopía de la liberación nacional.
