Poco a poco se apaga la CPI
Venezuela denunció el Estatuto de Roma e inició su retiro de la jurisdicción de la Corte Penal Internacional, la misma creada para juzgar a las personas por genocidio, crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y crimen de agresión.
Este Estatuto, ratificado por Venezuela en 1999, tiene presente en su preámbulo que en estos tiempos millones de niños, mujeres y hombres han sido víctimas de atrocidades que conmueven profundamente la conciencia de la humanidad, reafirmando dicho Estatuto los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas y, en particular, que los Estados se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.
Venezuela, al denunciar el Estatuto, señala que la Corte revela una justicia internacional que, lejos de aplicarse con equidad, ha sido instrumentalizada para profundizar las desigualdades entre los pueblos.
Desde su creación por el Estatuto de Roma en 1998 y su vigencia a partir de julio de 2002, la Corte Penal Internacional presenta una profunda debilidad por la ausencia en su membresía y adhesiones de países de la importancia de Rusia, China e India, entre otros; así como la no ratificación de países firmantes y luego la denuncia del Estatuto por parte de Estados miembros en desacuerdo con su funcionamiento u otras razones que revelan situaciones irregulares que le quitan fuerza, como la selectividad, y aumentan el riesgo de su desmantelamiento progresivo.
La posición de Estados Unidos agrava más la situación de la CPI por su intención manifiesta de desmantelarla.
Para Rusia, la CPI no es más que un instrumento geopolítico del occidente colectivo. Se señala la selectividad de la Corte porque se orienta con más empeño a casos del sur global, incurriendo en deslegitimidad de su potestad.
En fin, la justicia penal internacional, tal como la concibe el Estatuto en su objeto, se hace cada día más distante porque existe la percepción actual de esa conducta hegemónica que niega el derecho internacional y recurre a la amenaza cuando otro Estado no se somete a sus intereses, usa la fuerza militar e invade países pacíficos. No es historia ficticia, es la cruda realidad de lo que hoy está sucediendo en el mundo. Entonces viene la pregunta: ¿Dónde está la justicia penal internacional? Todo esto nos hace pensar que poco a poco se apaga la CPI. ¡Qué lástima!
