4 agosto, 2026
Entre ladrones - Últimas Noticias

Por Farith Fraija

Hoy, la política y lo político tradicional están perdiendo todo tipo de encanto. La seducción por lo público ha tomado otras dimensiones. Aquel espacio denominado por Bresser-Pereira como el “sector público no estatal” ha tomado partido de manera autónoma y amenaza a las dinámicas políticas en tiempo, espacio y alcance.

Recientemente, hemos visto un desprecio hacia los arreglos institucionales cuando los electores prefieren a líderes que se proyectan como disruptores del Estado de derecho. Aquellos pesos y contrapesos están con la mirada puesta en los resultados y menos en los procesos.

Sin dudar los pueblos demandan resultados distintos y muestran poco interés en cómo se obtienen. La política de seguridad ciudadana en El Salvador —y en Colombia— frente a los derechos humanos; las ofertas electorales en EEUU, Chile, Perú y Colombia basadas en políticas directas a migrantes; promesas de crear anillos arancelarios para reducir las importaciones con la necesidad de fortalecer la industria nacional; la renuncia a procesos de integración económica; o la justificación de intervenciones militares en naciones soberanas son parte de lo que demandan.

Pero ¿qué está fallando? Definitivamente, es necesaria una menor rigidez institucional que acelere las respuestas a las demandas sociales.

Es dinamismo en las capacidades de dar respuesta; deseo de una desburocratización de los procesos. La mirada puesta más en lo nacional y menos en lo internacional.

Tomando el caso venezolano, con la llegada de Hugo Chávez —quien indudablemente fue un líder disruptivo—, la demanda por una mayor participación tomó espacio en los debates de la Asamblea Constituyente y logró transformar las bases que soportaban la concepción de la democracia. La organización social y la incorporación a las distintas instancias del sistema nacional permitieron darle espacio a los movimientos sociales y a las comunidades organizadas. Así se crearon nuevas estructuras de organización, como los consejos comunales y una instancia que pretende ser un peldaño posterior en el orden político-territorial: las comunas.

La pregunta en ciernes es si fue suficiente. Creo que no lo fue ni lo será. Las respuestas a estas interrogantes forman parte de una dinámica permanente, en evolución continua al ritmo de la inmediatez que hoy imprime una velocidad distinta a los fenómenos sociales. Todo ello en medio de situaciones complejas que exigen una necesaria revisión del espacio público y de los paradigmas que definen el ejercicio del poder.

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