Keiko Fujimori inicia mandato en Perú con la inseguridad y la desigualdad como desafíos
La derechista Keiko Fujimori inicia su mandato como presidenta de Perú para el período 2026-2031, marcando el retorno del fujimorismo al Ejecutivo casi veintiséis años después de la dimisión de su padre, Alberto Fujimori. La investidura transcurre en el Congreso durante la fiesta patria, en una ceremonia donde la primera mujer electa presidenta del país enfrenta el rechazo de bancadas de izquierda y de familiares de víctimas de la violencia estatal, quienes protestan en los exteriores.
El gobierno de Fujimori hereda un país marcado por el abandono institucional y una ineficiencia estatal estimada en 40.000 millones de soles anuales. Entre los retos más urgentes figuran la lucha frontal contra la inseguridad ciudadana, la reactivación económica y la prevención ante desastres naturales.
Para frenar la criminalidad, la jefa de Estado anuncia que solicitará facultades legislativas al Parlamento para otorgar a los militares el control de operaciones en zonas de emergencia y ejecutar una profunda reforma del sistema carcelario. Asimismo, prioriza la asignación de recursos extraordinarios para preparar la infraestructura nacional frente a los estragos del fenómeno de El Niño.
Medidas económicas y sociales
En el ámbito económico, la mandataria sorprende al confirmar un incremento del 15 por ciento en el salario mínimo, que pasa de 1.130 a 1.300 soles, complementado con un bono para las micro y pequeñas empresas que fomente la formalización laboral.
El plan social contempla duplicar el alcance del programa Pensión 65 para adultos mayores en situación de pobreza y reducir la pobreza infantil a la mitad, bajando del 22 al 11 por ciento. Fujimori ratifica su compromiso con el orden fiscal, la libertad de prensa y un mandato limitado estrictamente a cinco años, buscando calmar los temores de la oposición sobre la permanencia en el poder.
