1 agosto, 2026

Historias que detienen la respiración, emocionan y devuelven la esperanza

Historias que detienen la respiración, emocionan y devuelven la esperanza

Muchos rescatistas, organizaciones y grupos organizados, siguen desplegados en la Guaira, una de las ciudades más afectadas por el doblete sísmico. Aún siguen apareciendo perros, gatos y hasta un morrocoy. Algunos de ellos esperan a sus familiares o simplemente esperan encontrar un nuevo hogar, así como muchos que esperan por una familia que probablemente, ya no está.

Cada día cuenta, cada hora, cada vida cuenta. Después de ver zonas tan devastadas, familias incompletas, heridos y más. Encontrar a un ser vivo, emociona. Mucho más emociona saber que su familia le busca y pueden reunirse después de tanto dolor. Un morrocoy le devolvió la sonrisa a los rescatistas, sin muchos detalles del lugar exacto, pero una frase que eriza la piel: «Estoy orgulloso de ser rescatista», luego posa a la cámara y sigue con la frase » he rescatado muertos y ahora un ser vivo». La emoción de salvar vidas aún está, aunque no sea una vida humana.

Historias que detienen la respiración, emocionan y devuelven la esperanza. 

A casi un mes del terremoto, Exus, un rescatista que no ha parado de apoyar y apodado “topito”, supo de un conejo, pero avistarlo, ubicarlo y atraparlo, es una tarea un poco difícil en medio de los escombros. Pero este rescatista lo buscó y no descansó hasta dar con él. En La Guaira, específicamente en Tanaguarenas, Res. Newport. 

Un ápice de esperanza, un respiro y una alegría que para algunos no tendría ningún sentido, pero después de más 26 días después de que la tierra temblara y miles de personas perdieran sus hogares, este conejito, que probablemente tuvo una familia, está sano y a salvo. 

Pero no solo un conejito ha devuelto la esperanza, a más de 23 días después de la tragedia, una gatita devolvió la esperanza. Los bomberos de la brigada BRIA de la UCV u los Bomberos de PDVSA, lograron rescatar con vida, del Bloque 3 de la Páez en Catia La Mar, a quien muy pronto se supiera su nombre: Luli.

Emoción, alegría, esperanza. Luli sobrevivió durante todos estos días. Pero la alegría llegó al clímax cuando su humana, su familia humana, se comunicara y no dudó en llegar, llamarla por su nombre, cargarla y abrazarla. 

Gracias a uno de los bomberos voluntarios que documentó todo el proceso, podemos ver de cerca el rescate de esta gatita, tal como lo describe “un bálsamo de alegría” y como lo dice uno de los bomberos con esa voz que delata la euforia: “Lo hicimos, lo hicimos por Venezuela” y el agradecimiento infinito a todos estos héroes anónimos que le devuelven la esperanza a todo un país. 

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