13 julio, 2026
El mago de OS: Las tablas de Sujo

Cuando hablaba de su primera esposa, Carlos Márquez decía que le había abierto las puertas al mundo intelectual y cultural. Que había ampliado sus horizontes, a partir del flechazo que se produjo entre el joven sucrense de 26 años y la mujer argentina de 39, cuando tocó la puerta para formarse como actor.

Juana Sujo le cambió la vida al futuro galán de telenovelas, pero, más allá de la historia personal, su figura adquiere grandes dimensiones, porque revolucionó el teatro venezolano, una vez decidió echar raíces en tierra bolivariana, adonde llegó el 28 de abril de 1949, contratada por Luis Guillermo Villegas Blanco, para protagonizar la primera película de Bolívar Films: El demonio es un ángel.

En 1950, encabezó el elenco del icónico largometraje La balandra Isabel llegó esta tarde, inspirado en la obra homónima del caraqueño Guillermo Meneses, que ganó el premio a mejor fotografía en el prestigioso Festival de Cannes.

Foto: Archivo ÚN

Durante su estancia, detectó que la escena criolla se limitaba a los teatros Nacional y Municipal, que no había amplitud en el repertorio ni escuelas para la formación de nuevos talentos, por lo que decidió fundar el Estudio Dramático Juana Sujo, en el Museo de Bellas Artes.

Dos años después, puso en marcha la Escuela Nacional de Arte Escénico. Allí, justamente, se produjo el encuentro con Márquez, el cual terminó en matrimonio el 4 de junio de 1954, cuando firmaron el acta correspondiente en la prefectura de la parroquia El Recreo.

Entre los primeros egresados de la institución estuvieron: Esteban Herrera, Orángel Delfín y América Alonso. Entre los últimos formados por la maestra: Ivonne Attas y José Luis Silva.

Sujo con Carlos Márquez. Foto: Archivo ÚN

Además de su labor pedagógica, respaldada por los conocimientos adquiridos en Berlín, Sujo puso especial interés en llevar a las tablas clásicos de la dramaturgia universal y obras de autores venezolanos, como fue el caso de Caín adolescente de Román Chalbaud y Chuo Gil de Arturo Uslar Pietri, utilizando otras plataformas que había creado: la Sociedad Venezolana de Teatro -junto a su cónyuge- y el Teatro Independiente Los Caobos. Tenía la visión de extender la actividad desde el este hasta el oeste de la ciudad.

En paralelo, decidía participar en algunos montajes. Se despidió del público con El quinto infierno de Isaac Chocrón. El cáncer que le habían diagnosticado estaba muy avanzado y estaba debilitada.

Falleció el 12 de julio de 1961, en Caracas. Su viudo, Carlos Márquez, siempre recordó la relación que había durado nueve años, pero, sobre todo, a la mujer que modernizó el teatro venezolano.

Foto: Archivo Fotográfico/ GÚN

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