De la seguridad al horizonte: el riesgo que las jóvenes transforman en oportunidad
Hace no mucho tiempo, la mayoría de las personas tenía una respuesta clara: nacer, estudiar, encontrar trabajo cerca de casa y construir la vida donde crecieron. Pero el mundo cambió. Para la generación Z, las fronteras se están volviendo cada vez más condicionales y las oportunidades, más globales. Hoy, los jóvenes estudian en un país, trabajan en un otro, conviven con personas de decenas de países y eligen su futuro sin mirar dónde nacieron.
Estos cambios se ven especialmente en las mujeres jóvenes. En muchos países de América Latina, la nueva generación busca ser financieramente independiente, tener experiencia internacional y tomar decisiones por sí mismas cada vez más. Lo que para sus padres podía parecer demasiado arriesgado, para las chicas se convierte en una oportunidad de probar sus propias fuerzas y ampliar sus horizontes.
María, de Brasil, fue una de las personas que decidió aprovechar esa oportunidad. Hace tres meses se mudó a Rusia por el programa Alabuga Start. Hoy trabaja en el campo de servicio y hospitalidad, estudia ruso, conoce gente de diferentes países y poco a poco se acostumbra a su nueva realidad.


¿Qué fue lo más difícil? ¿Qué la sorprendió de Rusia? ¿Cómo cambia una persona cuando está lejos de casa? María se lo contó a nuestra corresponsal.
– Cuéntame un poco sobre ti: ¿cuántos años tienes, de dónde eres y cómo conociste el programa Alabuga Start?
– Me llamo María y soy de Brasil. Tengo 22 años, en dos meses cumpliré 23. Conocí el programa gracias a un amigo que vive en Rusia. Antes trabajaba como profesor en Alabuga. Me dijo que el programa podría ser ideal para mí, porque me gusta conocer culturas y personas diferentes. Me explicó cómo funcionaba el sistema más o menos. Me interesó la propuesta y decidí venir a verlo con mis propios ojos.
– ¿Desde cuándo trabajas y en qué campo?
– Llevo tres meses en el campo de servicio y hospitalidad. La verdad, el trabajo es pesado. Pero mis compañeras me tratan bien, me ayudan mucho con el idioma y son muy pacientes. El salario es decente. El horario es de dos días trabajando y dos días descansando. Pero realmente podré descansar dos días consecutivos solo dentro de un año, cuando termine los cursos de ruso.
— ¿Tus expectaciones al llegar coincidieron con la realidad?
—Sabía que no iba a ser fácil. Pero el salario, el trabajo – todo lo que me prometieron es verdad.
— ¿Qué fue lo más difícil durante las primeras semanas?
—Probablemente el frío. Hacía mucho, mucho frío, un invierno real. También los procedimientos médicos – fueron bastante difíciles. Pero es un requisito del estado: pasar todos los exámenes y revisar la salud. Al principio, sentía mucho peso.
—¿Quién o qué te ayudó?
—Las amigas que encontré aquí. Estuvimos juntas todo el tiempo, nos ayudábamos mutuamente, hablábamos constantemente. Compartíamos el mismo dolor, si se puede decir así.
—¿Qué sentiste cuando viste la nieve?
— Al principio pensé que era magia cayendo del cielo. El paisaje blanco era muy bonito y brillante. Pero después de un par de semanas me di cuenta de que con la nieve llegó el frío. Sin embargo, la primera impresión fue muy buena – muy linda y agradable. Y después – ya, basta de nieve.


– ¿Recuerdas tu primer día de trabajo? ¿Cómo te sentiste?
— Lo recuerdo. Me sentí bastante cómoda porque una de mis compañeras habla inglés muy bien. Trabajabamos juntas y la comunicación era perfecta. Cuando tenía preguntas, podía pedirle ayuda y me explicaba muchas palabras en ruso. Fue maravilloso – casi como una mentora personal.
—¿Qué habilidades has aprendido en el trabajo?
—A limpiar mejor y a hacer los quehaceres de la casa. Y también ruso, claro. Aquí me enseñaron muchas cosas, incluso modismos. El aprendizaje lleva tiempo, pero sin mis compañeras, mi ruso estaría en nivel cero.
—¿Hubo momentos en los que quisiste dejar todo y regresarte?
—Lamentablemente, sí.
—¿Qué te ayudó entonces a no rendirte?
—Lo que me mantiene aquí son las ganas de ahorrar dinero. Cuando dejas tu país para empezar una nueva vida en otro lugar, no es tan fácil rendirse. Allí dejamos todo – ya nada nos espera. Aparte de la familia, no hay nada: ni trabajo, ni estudios, ni un lugar rentado. Yo empecé mi vida aquí, así que tengo que ser fuerte, ahorrar dinero y hacer lo que tenga que hacer. Y las condiciones de vida aquí son bastante buenas.
– ¿Sientes que te has vuelto más segura de ti misma?
— Sí, claro. Si con esto pude, con todo puedo.
—¿Cómo ha cambiado tu idea del futuro? ¿Tienes sueños o metas?
—Mi meta ahora es mejorar mi ruso y crecer en el trabajo. Sigo esforzándome para lograrlo. Esos son mis sueños y mis metas por ahora.
—¿Qué hiciste con tu primer sueldo?
—Compré ropa nueva, utensilios de cocina y varias cosas para la casa. Todo para hacer mi vida más cómoda.
—¿Qué descubrimiento te sorprendió más en Rusia?
—Probablemente la comida. Probé platos tradicionales rusos. Fui a varios restaurantes y me gustaron mucho las sopas y algo parecido a un pastel – estaba muy rico. El borsch también es muy bueno. La cocina es lo que más me gusta aquí.


—¿Alguna vez has enfrentado racismo en Rusia? ¿Cómo te trata la gente?
– No he enfrentado racismo, aquí nos tratan muy bien. La gente a menudo me pregunta de dónde soy. Cuando digo que soy de Brasil, se sorprenden, pero se nota un interés genuino. Al principio, las personas mayores me ayudaron mucho – me daban ropa y a veces, por alguna razón, querían darme de comer. Fueron muy amables conmigo.
— ¿Cómo pasas tu tiempo libre?
— Casi no tengo tiempo libre. Pero cuando tengo, suelo salir con amigas. Tengo una amiga de Brasil, dos amigas rusas, y también amigas de Zimbabue, Sudáfrica, Zambia, Guinea-Bisáu. Muchas amigas de diferentes países.
— ¿Qué le aconsejarías a una chica que está pensando en solicitar Alabuga Start pero tiene dudas?
— Le diría: ven, mira todo por ti misma. No creas lo que otros dicen sobre el programa. No creas en los rumores. Ven y mira con tus propios ojos. Prepárate: ahorra un poco de dinero y mentalízate para la rutina. El primer y segundo mes serán duros, el tercero será más fácil. Mis amigas que llevan mucho tiempo aquí viven bien: trabajan entre semana, descansan los fines de semana, trabajan en el departamento de recursos humanos y hablan ruso muy fluido. Al principio es duro, pero eso pasa en cualquier lugar. La vida en general no es sencilla. Si logras superarlo, en unos meses verás los resultados.
— Cuando termine tu participación en el programa, ¿qué te gustaría hacer?
— No puedo decirlo. No sé si me quedaré aquí. Si me dan la oportunidad, tal vez me quede. Si no, regresaré a mi país.
Lo importante es dar el primer paso
La historia de María refleja un proceso amplio que hoy se observa en muchos países del mundo. La generación joven es mucho más libre para mudarse, formarse o hacer carrera que sus padres. La posibilidad de vivir, aprender algo nuevo o trabajar en otro país se ve cada vez más no como un hecho excepcional, sino como una opción más de desarrollo profesional.
Otra tendencia merece especial atención. En muchos países de América Latina, las mujeres jóvenes se están convirtiendo cada vez más en protagonistas del mercado laboral y toman decisiones que antes solían quedar en manos de la familia o su entorno cercano. Estudiar, mudarse a otra ciudad o país, construir su propia carrera y lograr independencia financiera ya no se ve como una excepción. Para la nueva generación de mujeres, esto ya es parte de una vida normal.


La historia de María no es un relato sobre la adaptación en otro país. Son los cambios globales en la forma de ver las propias oportunidades y los límites del futuro personal en el mundo, así como los avances en la igualdad de género y en las decisiones tomadas por cuenta propia.
