Bolívar decreta la Guerra a Muerte
“Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente, en obsequio de la libertad de Venezuela. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables”. Mañana se cumplirán 213 años de la emisión de estas palabras, las cuales constituyeron uno de los planteamientos emitidos por Simón Bolívar pronunciados el 15 de junio de 1813, después de haber expulsado a los realistas de Mérida y Trujillo y marcarían la línea divisoria entre los americanos y españoles, para fortalecer a los patriotas, que desarrollaban exitosamente la Campaña Admirable y entran victoriosos a Caracas, el 6 de agosto de ese mismo año, lo cual a la vez, le permite al caraqueño universal que le otorguen el título de Libertador, entregado en la iglesia de San Francisco, el 15 de octubre de ese mismo año por Cristóbal Mendoza, quien desempeñaba el cargo de gobernador político de Caracas.
El discurso de Bolívar hacia los venezolanos comenzó así: “Un ejército de hermanos enviados por el soberano Congreso de la Nueva Granada ha venido a libertaros y ya lo tenéis en medio de vosotros, después de haber expulsado a los opresores de las provincias de Mérida y Trujillo. Nosotros somos enviados a destruir a los españoles, a proteger a los americanos y a restablecer los gobiernos republicanos que formaban la Confederación de Venezuela.
Los estados que cubren nuestras armas están regidos nuevamente por sus antiguas constituciones y magistrados, gozando plenamente de su libertad e independencia; porque nuestra misión solo se dirige a romper las cadenas de la servidumbre, que agobian todavía a algunos de nuestros pueblos, sin pretender dar leyes, ni ejercer actos de dominio, a que el derecho de la guerra podría autorizarnos.
Tocado de vuestros infortunios, no hemos podido ver con indiferencia las aflicciones que os hacían experimentar los bárbaros españoles, que os han aniquilado con la rapiña y os han destruido con la muerte; que han violado los derechos sagrados de la gente; que han infringido las capitulaciones y los tratados más solemnes; y, en fin, han cometido todos los crímenes, reduciendo a la República de Venezuela a la más espantosa desolación. Así pues, la justicia exige la vindicta y la necesidad nos obliga a tomarla. Que desaparezcan para siempre del suelo colombiano los monstruos que los infestan y han cubierto de sangre; que su escarmiento sea igual a la enormidad de su perfidia, para lavar de este modo la mancha de nuestra ignominia”.
