Minina llegó hace 22 años con ácaros en la cara y se quedó para siempre
Recuerdo que llegó al edificio con ácaros en la cara, ¡Claro que yo no sabía, que eso eran ácaros! Mi hija junto con una vecina la llevaron al veterinario. Allí le hicieron un tratamiento como un baño medicado y se curó.
Era una gata que nadie esperaba, y sin embargo, aquí seguimos, 22 años después, todavía bajo sus órdenes. Confieso que yo le tenía miedo a los gatos. Mucho miedo. Eso hay que decirlo y lo comento porque ella propició nuestra relación.
Imagínense la escena: Minina aparece en mi puerta con un ratón de regalo… como si eso fuera lo más normal del mundo. Ahí comenzó todo, sin permiso, la descripción gráfica de la frase: es mejor pedir perdón que pedir permiso.
Minina, muy pronto entendió que en ese edificio, sería atendida, comprendió más temprano que tarde, que ese edificio era su casa.
Después vino el drama. Porque con 22 años, la historia es larga, aunque solo contaré algunos episodios que atesoro en mi memoria.
Quedó embarazada de un “gato malandro”, así, sin más, todo el edificio se enteró, con esos maullidos en el salón de fiesta, pasó lo inevitable: quedó preñada. Muy pronto empezó a buscar dónde parir, ya se imaginan dónde… efectivamente, dentro de mi apartamento.
Nosotros, que nunca habíamos tenido mascotas, terminamos llevándola a un ultrasonido. Sí, un ultrasonido, para una gata. Es que si íbamos a ser abuelos, teníamos que ser responsables, no sabíamos nada de gatos, así que un veterinario nos orientó en todo el camino.
Resultó que esperaba cinco gaticos, que después encontrarían familias amorosas… Pero volvamos al momento del parto. Minina escogió un closet para parir, contra todo pronóstico. Esperábamos un desastre, pero ella dejó todo impecable, limpio, ordenado, casi quirúrgico. Ella sabía perfectamente lo que hacía.


Lo que no me esperaba era que ella me considerara uno de sus hijos, al punto de incluirme en las lecciones de caza. Sí, esas en las que les enseñaba a sus crías a cazar pajaritos. Yo era parte del círculo. Su “hija humano gata”.
Con los años fui entendiendo quién era ella de verdad:
Ha sido mi sombra. Me ha esperado siempre que llego a casa, y una vez se lanzó desde un árbol, cual gato volador, sin exagerar, para ponerse entre un desconocido y yo. No sé si fue instinto o una escena de celos, probablemente las dos cosas. Lo que sé es que ella sabe muy bien que mi corazón le pertenece.
En Navidades se echaba en el nacimiento del edificio. En el pesebre, si, con el Niño Jesús y todo. Los vecinos se morían de la risa, y ella tan campante, como si fuera su lugar natural. Era como si el nacimiento se lo pusiéramos como una camita en diciembre.
Y como han pasado tantas cosas, algunas que todavía me cuesta creer. Un vecino la retuvo, con qué intención, nunca lo sabremos, hasta tuvimos que llamar a la policía para rescatarla, y cuando por fin la policía llegó a casa… Minina se desmayó o eso aparentó.
Fue salir de haberla recuperado directo a emergencias a las 11 de la noche, queríamos saber qué le había hecho, si la había violado, inyectado o golpeado, cualquier cosa… la parte difícil fue que gastamos una cantidad de dinero que prefiero no recordar, le hicieron todos los exámenes posibles… y no tenía nada. Salió de la clínica feliz y contenta, con su mejor cara de “¿qué pasó aquí?”. Y el Óscar es para: Minina.
Hoy tiene 22 años. Sigue malcriada, sigue selectiva con su comida, si hoy come sardina, hígado o carne molida con auyama o batata, dependiendo del día y su humor, mañana por favor no lo repitan, cambien el menú por favor y gracias.
Sigue regañándome si llego tarde. Veintidós años y todavía manda ella.
Te contaremos un poco sobre los ácaros, pero recuerda, el veterinario, siempre, será el mejor aliado:
Sobre los ácaros
Los ácaros son parásitos microscópicos comunes en gatos que causan irritación en la piel u oídos, como la sarna otodéctica por Otodectes cynotis. A veces puedes apreciarlos en las orejitas de los gatos, porque parece que tuvieran borra de café… pero son ácaros.
Síntomas Comunes
Los gatos muestran rascado excesivo, orejas inflamadas o sucias, pérdida de pelo y lesiones por rascado. Pueden infectarse secundariamente bacterias si no se trata pronto.
Secreción oscura tipo “café molido”. Esta acumulación oscura suele estar formada por cerumen, restos inflamatorios y residuos provocados por los ácaros. No debe confundirse con una pequeña cantidad de cera normal.
Contagio
Se transmiten por contacto directo con animales infestados o objetos como camas y cepillos; gatos al aire libre o en grupos tienen más riesgo.
Tratamiento
Consulta un veterinario para gotas otológicas, antiparasitarios específicos y limpieza del ambiente. No uses remedios caseros sin guía profesional.
