Lugares seguros

Nuestra mente se sentirá tan mal o tan bien según el lugar donde se encuentre, porque somos el resultado del trato recibido del entorno y cómo nos sentimos en él.
La salud mental debe analizarse como resultado de la interacción entre el sujeto y su entorno social.
El bienestar va más allá de la ausencia de patología; debe haber un entorno seguro, capaz de mitigar el estrés y validar la diversidad neurológica. La mayoría de las veces creemos que nuestro cansancio tiene que ver con que “ tenemos mucho que hacer”, pero existe un estrés silencioso que llevamos por dentro. Las personas con diversidad neurológica como el autismo o el Tdah lidian con esa ansiedad invisible, debiendo encajar en un entorno que los abruma, con ruidos de intensidad superior a su tolerancia.
El intento de parecer normales soportando entornos que abruman termina siendo agotador. Para ello, la aceptación es el mejor bálsamo.
Aceptar que cada cerebro es distinto, que unos requieren más silencio, otros más tiempo o reglas más claras, hace que todo cambie. Aceptar la neurodiversidad no es un acto de bondad, es quitarles un enorme peso de encima.
Cuando estas personas sienten que pueden ser ellas mismas sin ser juzgadas, su nivel de estrés baja de forma considerable. La salud mental no es una tarea individual sino un rompecabezas que armamos entre todos.
Si logramos que nuestros entornos sean un poco más comprensivos, el bienestar dejará de ser una meta difícil de alcanzar, para convertirse en nuestra realidad cotidiana.
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