Las sanciones no existen… (2)
Cuando se va la luz, todo o casi todo se detiene en las ciudades o pueblos de Venezuela, las transacciones comerciales, la refrigeración de los alimentos, las clases escolares, los debates en las universidades, las jornadas laborales y el agua desaparece de las tuberías.
A partir del 2016, cada vez fueron más frecuentes estas penosas circunstancias en la vida cotidiana de los venezolanos. Mientras el fenómeno se incrementaba, los medios y redes reventaban de indignación contra el gobierno. Liderados por un coro de influencers y periodistas, mucha gente sentenciaba al chavismo como el culpable de esa calamidad.
Por un lado, la asfixia económica enfocada en Pdvsa reducía de forma exponencial las posibilidades de tener el dinero para invertir en el mantenimiento adecuado del sistema eléctrico y del agua potable.
Por otro lado, cuando se lograba tener el recurso económico para la adquisición de repuestos, bombas y válvulas necesarias con el fin de normalizar esos servicios públicos, otra muralla se levantaba. Las empresas japonesas, alemanas, estadounidenses o italianas con capacidad para proveer de los insumos requeridos cerraban la puerta a Venezuela por temor a las represalias comerciales del gobierno gringo.
Venderle un repuesto a Venezuela podía significar caer en desgracia con la administración de Donald Trump-1 o Joe Biden.
Entre el calorón, la oscuridad y la ausencia de agua por los grifos, la arrechera de la gente fue orientada hacia el presidente Nicolás Maduro y el colectivo chavista por medio de una operación que invertía millones de dólares para incentivar el odio, esta vez basado en la precariedad de los servicios esenciales.
Ninguno de esos bien pagados influenciadores, youtubers, tiktokers, agencias de noticias y medios (con muchos seguidores) explicó nunca que las llamadas sanciones impedían al gobierno de turno la adquisición de maquinarias, repuestos y la renovación de elementos tecnológicos que permitirían resolver las deficiencias en un lapso razonable.
La venta de productos químicos importados para el procesamiento adecuado del agua potable fue negada a nuestro país. Así, bañándose con una perolita, sin luz para hacer las tareas y con una indignación enorme por la pérdida de calidad de vida, muchos repetían lo mismo que dicen sus influencers favoritos: “Las sanciones no existen”.
