La tiranía del capitalismo global
La realidad siempre es representada; cada uno la ve a su manera. Podemos coincidir en muchos aspectos, pero también podemos discrepar. La interpretación de lo real está condicionada por marcos cognitivos, que son estructuras mentales que nos ayudan a organizar el conocimiento y que se activan a través de emociones, las cuales tienen mucho de cognición, como el ruido de una ambulancia en pandemia que nos genera miedo al pensar que un enfermo por contagio es trasladado al hospital en ese vehículo.
Las emociones mantienen la cohesión social, nos dice Charaudeau. Mediante estas el individuo desarrolla un sentimiento de pertenencia a un grupo político o religioso y, por estar condicionadas a una perspectiva moral, actúan como una especie de juicio colectivo porque responden a un marco moral; de la coincidencia con esa moralidad viene la empatía, en que lo que nos causa bienestar genera una emoción positiva, mientras que aquello que nos vulnera nos ocasiona rechazo; esto incide en nuestras acciones. Generar emociones para conectar es persuasión; activarlas por condicionamiento, manipulación.
La ideología representa un marco cognitivo desde el cual operamos; es una especie de cristal desde el que interpretamos los hechos para validarlos o rechazarlos. Desde el sistema capitalista, o mejor, el capitalismo global, se busca penetrar nuestra mente con creencias falsas, que damos por ciertas, como la de la movilidad social, promovida por la burguesía u oligarquía.
De igual manera, nos hablan de una democracia sustentada en la libertad, que no es otra cosa que alcanzar la ilusoria prosperidad a costa del esfuerzo personal, que se convierte en un valor en el sistema neoliberal, en desmedro de la justicia social o de la vida en todas sus formas, mientras que las alternativas al capitalismo global se transforman en tiranías o democracias imperfectas.
Los neoliberales, ahora mutados a libertarios, dicen algo como “si no se lo ha ganado, no se lo merece” o “quiere todo regalado”, porque la educación deja de ser un derecho y la salud también, mientras la libertad se mide por el consumo y no por el bienestar integral. Luchar por la soberanía y la igualdad, desde la moral del capitalismo global, se convierte en tiranía, usada como una etiqueta para aislar y justificar el linchamiento social.
