22 abril, 2026
¿Le creerán a Elon Musk?

Mientras un pequeño círculo minoritario de la élite europea gobernante adopta cada vez más una actitud belicista de apoyo a Ucrania y de actitudes guerreristas contra Rusia, la Europa mayoritaria del ciudadano y del sentido común cada vez menos piensa que se debe pelear por Ucrania y cada vez más quiere la paz.

Lejos están aquellos días cuando en las capitales europeas se recibían por centenares de miles a los refugiados ucranianos con eufórico apoyo. Hoy en muchos lugares ya son indeseables y la ciudadanía demanda que se les recorten beneficios o sean regresados a su país. Ahora en los EEUU corren el riesgo de ser deportados.

Si al principio el ciudadano común europeo era fácil de manipular, de presentar a la junta fascista ucraniana como un gobierno democrático que se defiende ante el “oso ruso”, ahora gradualmente van conociendo la verdadera calaña fascista del régimen ucraniano y van estableciendo un vínculo creciente entre la caída de su nivel de vida y las sanciones contra Rusia. En su visión hace ya tiempo que el expresidente Zelensky no es el líder que era reverenciado como héroe, ahora es un villano irresponsable que es acusado por el propio presidente Trump de querer la tercera guerra mundial.

Es precisamente ahora cuando sus supuestos lideres les convidan a prepararse para una guerra contra Rusia, algo insólito, pero la resistencia de la Europa del sentido común va en aumento. En Roma, Italia, el sábado 5 de abril, han salido a las calles 100.000 personas en contra el rearme de Europa. Exigen invertir en lo social y no en guerra. En algunas pancartas se puede leer “queremos la paz con Rusia”. A pesar de los esfuerzos de los políticos, la mayoría de los europeos no toman en serio la llamada amenaza rusa, confiesa el filósofo político Cameron Abadie, editor adjunto de la revista Foreign Policy, al medio Neue Zürcher Zeitung, que en Alemania y sobre todo, en Austria, la gente no se lo cree.

En Italia la primera ministra ha decidido recortar la ayuda militar a Ucrania en un intento de mantener un equilibrio entre las fuerzas políticas en su coalición. En fin, la cuestión ucraniana está ahondando la división en Europa entre una élite y la gran mayoría que amenaza la propia unidad europea.

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