La iluminada de Sarría – Últimas Noticias
Carl Gustav Jung, el destacado psicólogo suizo, aseveraba que “uno no se hace iluminado al imaginar figuras de luz, sino al hacer consciente la oscuridad”. A pesar de las rémoras asfixiantes de la tecnología del mundo de hoy, de una ciencia respondiendo cada día con respuestas áridas y sumamente mecánicas bajo una visión alienante, la magia y los milagros se mantienen anclados en nuestras vidas para darnos mayor luminosidad.
Es probable que para muchos no les suene el nombre de Dolores Rengifo de Ramírez. Para otros, devotos del culto a Jesús, María y José, sigue vigente en un sector del norte caraqueño. Doña Dolores, mujer devota y de firmes creencias, impulsó en Sarría la devoción a la Sagrada Familia. El 3 de octubre de 1934, atestiguaba la señora Rengifo haber recibido un mensaje de Jesús, iniciándose así la procesión de la imagen de Jesús, María y José con una concurrencia devocional importante donde se da cita el caleidoscopio social del país con visitantes de todas las esquinas de Venezuela, incluso, de lugares tan distantes como México, Colombia e islas vecinas del Caribe.
Pero otro sería el evento que marcaría su vida y la de muchos. Se cuenta que el 27 de septiembre de 1942, cuando la piadosa doña Dolores, al comprar un pan para obsequiarlo a una amiga, al sacarlo de su bolsa, apareció este con forma de corazón adornado con una corona de espinas y el nombre de Jesús labrado. Desde ese día, el místico pan se halla en una caja de madera y cristal en el centro del altar de la capilla Jesús, María y José de la calle real de Los Cortijos de Sarría en perpetua e indisoluble veneración que vive aún intacta ocho décadas después, una tradición oral reconocida como bien cultural de la nación. El horario de acceso a la capilla para honrar el milagro y la Sagrada Familia es indiscriminado. Un oratorio que se mantiene abierto de noche y de día, inspirando la composición del conocidísimo aguinaldo cantado en la más significativa época del año, la de Adviento y Navidad. Se atestigua que la autora de ese sencillo y hermoso aguinaldo fue doña María Nicomedes Hernández de Díaz allá por los años 50. ¿Quién no recuerda el estribillo?: “La capilla está abierta de noche y de día, rezaremos todos tres Ave María”.
