La historia de Carlitos: el gato que transformó nuestra vida
Carlitos, así le decían muchos; yo le puse ese nombre. Recuerdo que era hijo de una gata del edificio no se dejaba tocar, pero siempre tenía cachorros. Carlitos era uno de tantos.
En esa camada, la gata tuvo tres cachorros. Le pusimos nombres a todos (digo “le pusimos” porque un día pregunté por uno de los gatos y lo llamaron por su nombre). Me dijeron: “¿Ricardo?” y yo, “ah, ok”, a ese lo bautizaron como Ricardo y a la hembra, Rayitas.
Rayitas era como su mamá, no se dejaba tocar. Pero una señora del edificio la fue alimentando y la gatita se dejó tocar. La señora le decía Rayas, yo le decía Rayitas. La señora logró agarrarla y la esterilizó cuando era pequeñita.

Lo bueno es que la señora la tuvo en resguardo temporal y la gata se quedó con ella. Debo aclarar que esa gata se fue del país con la señora y la única condición que esta señora pidió a sus hijos para irse fue llevarse a Rayas.
Ricardo, simplemente desapareció un día. Él era muy cariñoso, ojalá se lo llevaran para bien, porque Ricardo era un gatico muy dulce y zalamero. Nos dio mucha lástima imaginar cualquier maldad.
Carlitos es el rey de la casa. Cuando se perdió Ricardo, no lo pensamos dos veces y lo subimos a casa. Además, su hermana estaba en resguardo temporal después de su esterilización. Carlitos se quedaría solito porque su mamá ya no estaba pendiente.
Así que Carlitos empezó a formar parte de nuestra vida en casa. Fue raro porque nunca habíamos tenido un gato. Alimentábamos a los gatos del sector y ayudábamos a los vecinos a atraparlos para esterilizarlos o llevarlos al veterinario, pero convivir es otra cosa muy distinta.
Lo primero que nos sorprendió es que ellos no se ponen límites, saltan y se trepan donde quieren. Hay que enseñarles; pegarles o encerrarlos no funciona.

Con Carlitos funcionó bajarlo todas las veces que se trepaba, con mucha paciencia, porque vaya que es persistente. Pero entendió y, de verdad, dejó de subirse a la mesa mientras comíamos o cocinábamos.
También nos dimos cuenta de que el mundo es su cama. Donde le provoque, se echa a dormir. Eso nos costó que se quemara una oreja en la cocina por desobediente. (Fue horrible).
Hemos aprendido mucho de él. La caja de arena debe estar limpia, no hará jamás en una caja sucia. Podría perderse dentro de la casa y el único sonido que lo despertará es el del plato sonando contra el piso, ese es su llamado a comer, que casi nunca hay que hacerlo, solo si no lo vemos.
Salir de casa, jamás. Un gato que se sale, no sabes si regresará y menos si regresa malherido. El veterinario nos explicó que a través de los rasguños y mordiscos se transmiten muchas enfermedades. Así que el gato va dentro de casa.

Que son traicioneros, no sé quién se inventó esa calumnia. Si bien es cierto que es un mundo aparte, te busca solo cuando él quiere y le da la hora de correr por toda la casa.
Nunca nos ha atacado y el veterinario fue muy claro. A los gatos no les gustan los cambios y no saben cómo explicar algunas cosas que no les gustan. Esto es una razón para rasguñar o hacer sus necesidades fuera de la caja. En todos los casos, es bueno observarlos y entender qué cosa ha cambiado dentro de la casa.
Parece un peluche, es dulce, cariñoso y dice todo con su mirada y actitud. Si nunca has tenido un gato, no te imaginas todo lo que te estás perdiendo. Comer y dormir son su prioridad, pero tú serás su persona favorita.
Respeta su espacio y tiempo, sé paciente. Pronto entenderás a tu michi. Nosotros tenemos 10 años con él y Carlitos es nuestro mundo. No es como un perro que quiere lamerte y correr detrás de ti; tienen otra forma de decir “te amo”.
El rey Carlitos llegó a nuestras vidas y no sé cómo no tuvimos un gato antes. Independencia y amor, esas son mis palabras para definir mi relación con el rey de mi vida.
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